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Navidad, feminismo y patriarcado

Navidad, feminismo y patriarcado

Después de la comida aún se quedan en torno de la mesa. Y allí fuman su cigarro los hombres; las mujeres siguen una labor paciente, cuyo origen apenas se recuerda.

Rosario Castellanos

 

En mi clase de género suelo decirle a mis alumnxs que en la próxima reunión familiar se ubiquen en un rincón de la casa a observar -con sus lentes de género puestos- las dinámicas, roles, actividades, conversaciones, espacios ocupados o no ocupados de las mujeres y los hombres, así como los juegos y juguetes de lxs niñxs. 

Como ya lo escribí, dos de los factores de socialización son la familia y las tradiciones culturales. Navidad es una excelente fecha para darnos cuenta cómo operan los símbolos, discursos y tradiciones que nos van convirtiendo en mujeres y hombres y que -para quienes la solemos celebrar- vamos aprendiendo cómo operan los roles de género y el lugar que cada quien ocupa dentro del patriarcado. 

Este año nos será imposible observar la reunión desde ese rincón, pero basta recordar otras navidades para darnos cuenta de los roles de cada quien, desde la organización, hasta que la casa está limpia de nuevo y lista para el tradicional recalentado para repetir todo de nuevo.

¿Quiénes se tomaron el tiempo para hablar, escribir y organizar quiénes irían hasta qué platillo se comería? ¿quiénes compraron lo que se iba a cocinar y quién puso el dinero? ¿quiénes cocinaron? ¿quiénes estuvieron “atendiendo” a los otros el día de la cena? ¿quiénes sirven y quiénes comen? ¿quiénes lavan los trastes? ¿quiénes limpian la casa y cuidan a niñxs chiquitxs? 

Sé que generalizar es dejar fuera diversas circunstancias y contextos, sin embargo, me atrevo a decir que la mayoría de las familias mexicanas que suelen festejar navidad tienen como respuesta a las preguntas anteriores una sola: las mujeres. 

Si queremos darnos cuenta cómo es que funciona la división sexual de labores y de los espacios público, privado y doméstico estamos en la noche del año correcto. Las mujeres y los hombres incluso suelen acabar en diferentes espacios por algunas horas hablando de temas de mujeres y de hombres; los hombres esperan que les sirvan la comida y ellos sirven las bebidas reforzando a través de esas pequeñas acciones cuál es el lugar, tema y espacios de cada quien dependiendo su género, en un sistema en que unos tienen derecho a estar sentados -porque pagan- y otras tienen la obligación de atender -porque paren-. 

En cuanto a los juegos y juguetes de las niñas y los niños que suelen pedir en navidad, ¿se han dado una vuelta por los pasillos de las tiendas departamentales? la distribución es evidente: pasillos rosas y azules que una vez más, nos van posicionando en distintos espacios, siempre en binario. 

No es por ser una feminista negativa, el que no sea la fan número 1 de navidad no me hace ciega a todos los cambios que el feminismo ha logrado en las costumbres, tradiciones y fiestas, como son juegos neutros, mayor aceptabilidad de las familias a que sus hijxs jueguen con juguetes estereotípicamente femeninos y/o masculinos y hombres cada vez más involucrados en tareas domésticas, pero a pesar de eso, la estadística es contundente. 

De acuerdo con INEGI, en México, la distribución del trabajo no remunerado (doméstico y de cuidados) es sumamente desigual. La mayor parte de estas labores las realizan las mujeres, representando el 76.7% del tiempo que los hogares destinan a estas actividades contrastando con el 23.3% de los hombres. 

¿Se imaginan navidades más igualitarias? ¿Navidades en las que las mujeres y los hombres compartieran las mismas cargas mentales, domésticas, económicas y de cuidados?

La próxima vez que observemos desde el rincón la reunión de navidad, quizás sea posible ver dinámicas distintas, más neutrales, menos violentas, más equitativas y en las que no se encasillara a lxs niñxs en tan limitadas y retrógradas opciones de desarrollo de su personalidad en pleno 2020. 

Sería un lindo regalo de navidad, ¿no? 

¡Felices fiestas feministas!

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