Lo que nunca nos dicen del poliamor: contado por parejas reales (Parte 2)

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Aunque actualmente hay más debate al respecto, existen temas que sólo conocen quienes han vivido relaciones de este tipo. Aquí, diez personas poliamorosas nos cuentan cuáles son los retos más importantes a los que se han enfrentado.

El mes pasado les compartimos la primera parte de este texto, donde les compartimos 5 temas explicados por personas que viven en el poliamor, porque nadie como sus protagonistas para decirnos la verdad. Y si, el reto es mucho mayor que saber torear celos. Si no has leído la primera parte, antes de continuar haz clic aquí

Lo que nunca nos dicen y tampoco tomamos en cuenta del poliamor es que:

1. Las indecisiones ajenas te terminan afectando a ti.
Y también sus inseguridades, torpeza, malas vibras, etc. Desde los que buscan “cureosar” a costa de las relaciones de otros, hasta los tóxicos que sólo saben aprovecharse de los demás (bueno, para ser justas eso también pasa en las relaciones monógamas). 

Cuando empecé en esto no sabía mucho del tema y me topé con un par de tipos que, de principio, parecían estar interesados en el poliamor. Después te das cuenta de que en realidad lo que quieren es hacer su harén y no comprometerse a nada. Eso no es poliamor ” (Raquel, 30).

Ya me ha pasado que empiezo una relación con alguien que quiere probar qué onda con el poliamor. Hace tiempo salí con alguien que estaba en esta situación y después de un año y medio me dijo que prefería buscar una relación monógama. Cuando terminamos respeté su decisión y agradecí su honestidad, pero no por eso me dolió menos” (Rubén, 38).

Alguna vez mi novio se enamoró de una chica que, desde el principio, me generaba una especie de mala vibra. Lo hablé con mi novio, pero él pensó que eran celos míos. Para no hacer el cuento largo, él terminó dándose cuenta de que lo que ella quería era una relación monógama, y había accedido a salir con él porque le gustaba mucho y pensó que podía convencerlo de dejarme. Entiendo que no todo el mundo es honesto en muchos aspectos de la vida, pero en este caso, lo que pasó casi nos cuesta la relación ” (Laura, 39).

2. La compersión es (casi) un superpoder
Contrario a lo que mucha gente cree, el objetivo principal de establecer relaciones poliamorosas no es tener más sexo o más parejas (y siendo honestas, el poliamor no es garantía de eso). Para muchos, el objetivo final del poliamor es la compersión, y este no es un término que vas a encontrar en el diccionario. A grandes rasgos, es una especie de empatía y se define como la alegría que surge de saber que alguien que amas está con alguien más y es feliz.

Hace tiempo salía con una chica y un chico. Los presenté pensando que tal vez podrían caerse bien, pero resultó que ambos se gustaron y empezaron una relación. Creo que yo estaba más emocionada que ellos. Lo que sentía era muy parecido a estar enamorada; estaba increíblemente feliz de que estuvieran juntos” (Ana, 24).

3. Presuponer te puede salir caro. 
Si la comunicación es importante en todas las relaciones, en el poliamor, hablar sobre las expectativas e inseguridades que cada quien tiene requiere de un poco más de precisión. No sólo se trata de establecer acuerdos, sino de examinar a conciencia todos los escenarios y temas que pueden ser importantes. Por ejemplo, no sólo se trata de hablar sobre sexo protegido sino de qué cosas acordamos hacer o no entre nosotros y con otras personas (ya sea juntos o por separado), sobre cuándo las hacemos y sobre qué hacer si necesitáramos modificar algún acuerdo. Dejar fuera algún tema porque creemos que es incómodo o demasiado obvio puede ser costoso.

Un acuerdo importante que tengo con la pareja con la que empecé a ser poliamorosa, es hablar sobre quién nos gusta y sobre posibles prospectos. Como ya tengo años saliendo con él, hace poco se me hizo fácil pensar que, como ya había mencionado que alguien me gustaba, él entendería que ya tenía algo con él. Grave error. Y no fue que mi novio no lo entendiera, sino que la noticia lo agarro desprevenido y le costó más trabajo procesarlo” (Carolina, 32).

4. En el poliamor, los referentes son escasos.
Lo cual, por un lado, le da a cada quien la liberta de construir su relación como mejor le parezca, pero por el otro, sin modelos ni referentes, resulta muy fácil sentirse invisible. Y esto no sólo tiene que ver con nuestra cultura popular, en la que hay muy pocas referencias a relaciones poliamorosas en películas, novelas, libros, etc., sino que incluso la búsqueda de un terapeuta que sepa trabajar con este tipo de relaciones puede ser complicado. 

Durante un tiempo, mientras me asumía como poliamoroso, traté de jugarle a la monogamia porque era lo que yo creía que debía hacer y era lo único que conocía. Incluso, en algún momento intenté abrir algunas relaciones, pero terminaba cediendo a la petición de mantenernos monógamos. Eso, obviamente, resultaba en desastre porque yo rompía el acuerdo y terminaba perdiendo a la persona que amaba” (Manuel, 28).

5. Haters gonna hate. Aunque poco a poco va siendo más aceptado, el poliamor continúa siendo tabú y tema de rechazo en muchos sectores. 

Alguna vez fui a una conferencia donde un terapeuta de pareja muy reconocido habló muy mal del poliamor cuando me atreví a pedirle su opinión sobre este tipo de relaciones. Además, dijo que eran imposibles y una forma inmadura de relacionarse. Hace poco me enteré de que sigue dando conferencias y, cada que puede, habla maravillas del poliamor.  Entiendo que todos tenemos derecho a cambiar de opinión, pero este ejemplo ilustra la ignorancia con la que opinan a veces algunas personas” (Sandra, 33).

Estar explicando constantemente qué es y cómo vivo el poliamor es muy cansado, y es frustrante explicar que son distintos compromisos con distintas personas. Además, luego me agarran de punching bag con eso de que “los poli nunca van en serio” (Manuel, 28).

En realidad, no importa qué tanto más se siga hablando en el futuro de las relaciones no monógamas; siempre habrá alguien dispuesto a criticar la vida ajena y a sentirse con el derecho de decirle a los demás cómo debe vivir. El problema con los prejuicios es que, quienes hablan a partir de ellos, suelen olvidar que muchos de sus argumentos terminan revelándonos más sobre las carencias de quienes los ostentan, que sobre los temas que pretenden exponer. 

Si hay algo que creo que este siglo nos enseñará son dos cosas: 

1) que hay más diversidad y formas de vivir el amor de las que alguna vez creímos posibles y

2) que quienes están concentrados en ser felices, rara vez malgastan su energía en malvibrar a los demás. 

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