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Haciendo las paces con la culpa

Haciendo las paces con la culpa

¿Hiciste algo mal? ¿Lastimaste a alguien y ahora te sientes enojado, triste, avergonzado o culpable?

Escuchamos frecuentemente la importancia de perdonar a otros cuando nos hacen daño, pero cuando se trata de perdonarnos a nosotros mismos las cosas no son tan claras. ¿Es igual de importante? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacerlo? 

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos sido lxs malxs en el cuento de alguien. Cuando lastimamos a otra persona es esperado sentirnos mal por ello y experimentar arrepentimiento, deseamos poder retractarnos o hacer algo para que la persona se sienta mejor. Lo que no es saludable es cuando el arrepentimiento que sentimos se transforma en una culpa incesante y comenzamos a castigarnos continuamente por nuestra ofensa, llegando a sentir vergüenza de nosotros mismos y determinando que somos malas personas.

Freud explica la culpa como un “dolor psíquico” que se impone el propio individuo por haber traicionado al otro y por poner en riesgo su amor. En este sentido, la culpa puede servir como regulador de nuestras pulsiones, y como brújula para darnos cuenta de que actuamos mal, ya que nos permite analizar y corregir nuestra conducta.

A este tipo de culpa “productiva” me gusta más llamarle “responsabilidad”, porque cuando hacemos conciencia de nuestras acciones y nos responsabilizamos de ellas, entonces podemos abrir puertas que conduzcan a un cambio de comportamiento positivo. Esto implica reconocer lo que hemos hecho, reparar lo mejor que podamos y según lo permitan las circunstancias, y comprometernos a hacerlo mejor en el futuro.

De lo contrario, la culpa puede llegar a paralizarnos llegando incluso a dañar nuestra autoestima. Al no dejar de castigarnos y criticarnos por haber cometido un error, quedamos atrapados en un estado de sufrimiento del cual es difícil salir. Pero, ¿de dónde sacamos la idea de que merecemos sufrir tanto? Y, sobre todo, ¿cómo se dicta el límite de ese sufrimiento? A veces parece que es interminable y no sabemos cómo frenarlo, por lo que perdonarnos se convierte en una especie de misión imposible.

Si estás experimentando culpa, te invito a cuestionarte los siguientes puntos para gestionarla de una manera más sana, responsable y que favorezca el autocuidado:

  • Acepta que no eres perfecto: pretender que lo somos nos lleva a juzgarnos bajo estándares muy rígidos e irracionales. Somos humanos y nos equivocamos.
  • Realiza una autoevaluación objetiva: ¿realmente el error que cometiste es tan terrible? Si alguien más hubiese cometido ese error, ¿serías tan duro como lo eres contigo mismo?
  • Distingue el ser del hacer: haber realizado una acción negativa no significa que seas una mala persona. Significa que eres una persona que cometió una acción negativa, punto.
  • Diferencia entre tomar responsabilidad de tus acciones y el sentirte culpable: la responsabilidad permite iniciar un proceso de reconocimiento, aprendizaje y cambio. La culpa paraliza y puede actuar como un obstáculo para la superación personal.

Perdonarnos a nosotros mismos no solo es recomendable, sino absolutamente esencial para volvernos mental y emocionalmente más sanos. El perdón a uno mismo no ocurre rápida y fácilmente. Es algo que puede dar miedo, pero también puede ser liberador. Te abrirá la puerta al cambio y a una conexión más profunda contigo mismo, ¡inténtalo!


Marisol Rodríguez, estudió Psicología en la Ibero y una Maestría en Psicoanálisis en el New York Graduate School of Psychoanalysis. Actualmente, trabaja con adolescentes y adultos de manera presencial y virtual. También forma parte del equipo de colaboradores de Casa Grana, A.C., una clínica de atención psicológica, enseñanza e investigación, brindando apoyo emocional a alumnos del ITAM.

Su formación psicoanalítica y experiencia profesional le han enseñado la importancia de comprender al individuo en su totalidad y la han llevado a concluir que hablar, en un entorno terapéutico, es uno de los agentes de cambio más poderosos.

Síguela en @psic.marisolrodriguez

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