Getting Off: relato de una adicta al sexo y la pornografía.

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Erica Garza era una niña como cualquier otra de clase media en un pueblo de mediano tamaño en California. Es hija de mexicanos y vive con sus papás y su hermano mayor. Cuando entra a la pubertad, nace su hermana lo cual la hace sentir desplazada. Además en esa época tuvo que usar un aparato espantoso para corregir su postura de la espalda. La molestaban en la escuela y ella se sentía muy insegura.

Es en esta época, a los 13 años, cuando descubre la masturbación y la ve como un escape: busca cualquier momento del día para esconderse y darle vuelo a la hilacha. Descubrió un VHS (si, aunque no lo crean esos enormes cassettes no son tan viejos) escondido en el cuarto de su hermano, y cuando lo ve resulta ser el famosísimo video porno de Tommy Lee y Pamela Anderson. Le genera muchas emociones y excitación, tanto que en la noche besa a la novia de su hermano que dormía con ella. Así, entre tabús, sentimientos que nadie le explica, y culpa, empieza su despertar sexual. 

Para esto las casas ya tienen computadoras, pero era la época donde había una sola para todos y ella se desvelaba hasta altas horas de la noche viendo porno y teniendo cybersex por AOL (¿se acuerdan de AOL?) aunque seguía siendo virgen. Conoce a Jarred, su primer novio al que deja por que la trataba muy bien y eso le aburria, no sin antes perder la virginidad con el y buscándolo de vuelta solo para tener sexo y después perder el interés. Entonces empieza su larga cadena de relaciones tóxicas con Matt. El highlight de su relación era fumar mota y coger viendo porno. Matt le pedía que le bajara, le decía que podían hacer muchas otras cosas y que a veces era demasiado para el, pero ella quería sexo todo el tiempo: sólo así olvidaba sus inseguridades y se sentía sexy. Le pide que empiecen a grabarse. Mientras está con Matt, Jarred muere en un accidente y a ella la abruma la culpa por lo mal que se comportó con el. Su familia le recomienda ir a terapia pero ella tiene la solución perfecta para dejar de sentir: coger. 

Sigue con Matt, viven en LA,  pero cada vez tiene menos interés en el: prefiere masturbarse viendo porno por horas y horas. Además de un gran acervo de juguetes sexuales, se avienta todo tipo de porno que puede encontrar. Llega un momento en que nada de lo que ve la excita y empieza a entrarle a porno más oscuro como violaciones, maltrato, abuso, etc… Está consciente de que tiene un problema y piensa que la manera más práctica de alejarse del problema es salir de Los Ángeles, así que se va a casa de una amiga en Londres con su familia. Y, como en la casa no había wifi y la única computadora era familiar, le baja mucho a su consumo de pornografía. En Londres encuentra paz, tranquilidad y calidez. 

Al volver a Los Ángeles, vuelven sus malos hábitos sexuales y como ni el porno ni el sexo entre dos personas (hombres o mujeres) la satisfacen, empieza a asistir a orgías. De nuevo, queriendo huir de su realidad, se va a vivir a Hawaii pero la cosa se pone peor: además de tener múltiples orgías y parejas sexuales, incluyendo señores mayores que le daban asco, empezó a considerar la prostitución como una buena opción para generar ingresos. Poco antes de entrar a ese mundo, conoce a Elliot, un director de cine y se muda con él a NY. 

Aguas, no estoy diciendo que las orgías estén mal o que condene la prostitución. Aquí la cuestión es que Erica pasaba por altibajos emocionales muy duros. Ella no estaba feliz en su piel y, en lugar de buscar la raíz de eso que no estaba encajando bien en su interior, fugaba sus emociones a través de un placer sexual que cada vez la llenaba menos y la deprimía más.

Con Elliot se compromete pero las cosas se ponen mal: tiene rachas terribles de celos, pues Elliot se lleva con muchas mujeres famosas y su inseguridad le asegura que constantemente le está poniendo el cuerno. Esto hace que Elliot termine la relación y le sugiera ir a Adictos Sexuales Anónimos. Si bien no le hace caso en eso, al menos va a terapia donde le diagnosticaron depresión y empieza a tomar pastillas. Se queda en Nueva York donde toma un muy buen curso para ser escritora y consigue un buen trabajo. De nuevo tienen un novio que la trata bien y de nuevo sabotea la relación. También de nuevo, huye; esta vez a París y luego vuelve a Hawaii. Ahí tiene una relación con un dueño de páginas porno donde el sexo se vuelve cada vez más denigrante y sale de eso a través de… otro hombre. 

Para este momento, la situación de Erica era francamente insostenible, así que muy a la Eat, Pray, Love, se va a Bali para encontrarse a ella misma. Para esto ya tiene 30 años. Allá toma sesiones extensivas con un yogui que le ayuda a experimentar paz y felicidad. Casi no ve porno ni se masturba pero no es que luche contra eso, simplemente está perdiendo interés. Conoce a Chris, con quien quiere empezar una relación diferente y desde el amor. Aunque no funciona, ella regresa a Los Ángeles y se vuelven confidentes por mail. El le comparte sus severos problemas de adicción y ella admite, por primera vez, que es adicta al sexo. Se apoyan mutuamente, el entra a Narcóticos Anónimos y ella a Adictos Sexuales Anónimos. Saber que hay más  personas luchando con sus mismos demonios le ayuda a ser más compasiva con ella misma, y a entender que puede sanar y que no está sola. 

Tanto Erica como Chris están mejorando mucho sus respectivas adicciones, y él decide ir a Los Ángeles para que juntos incursionen en The Hoffmann Process, un tipo de rehabilitación enfocado a sanar procesos desde la infancia para poder eliminar conductas que hacen daño. Aprenden a llevar una vida feliz, en paz, sin sexo compulsivo y sin drogas. Terminan casándose y apoyándose mutuamente para dejar esos comportamientos atrás. 

La historia de Erica está plasmada en su libro Getting Off: One Woman’s Journey Through Sex and Porn Addiction. Lo interesante aquí es que la raíz de las adicciones es la misma: drogas, apostar, alcohol, sexo, incluso otra persona. La única manera de cambiar lo que está afuera es sanar lo que está adentro y, si lo dejas pasar, te va a perseguir a donde vayas hasta que lo encares y lo trabajes. Pero sí, siempre que la persona esté dispuesta, todo se puede superar.

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