El Reto de ser Mamá de Hombres en un mundo machista

Soy la única mujer de 5 hermanos, cuatro hombres que siempre ayudaron a mi madre y a mi padre al igual que yo, cuatro que yo admiraba y quería ser como ellos, pero no por ser diferentes a mí , sino por que eran amorosos, respetuosos y responsables en el hogar. El más grande de mis hermanos me lleva 10 años, el que sigue 6, luego tres y tengo uno al cual yo le llevo dos. Cuando yo nací, estaba destinada a ser “la princesa” como muchos de nuestra sociedad lo creen, pero en realidad sólo llegue a una familia grande en donde todos éramos iguales, nos hacíamos responsables el uno del otro y nuestro hermano mayor ayudaba a mi mamá en todo lo relacionado con la casa para que ella pudiera cuidarnos, si tenías sed, siempre uno de tus hermanos te servía agua, si querías jugar otro se encargaba de hacerlo contigo, y así eran nuestros días en donde éramos una familia grande que aunque la mayoría eran hombres, éramos lo mismo, solo con órganos sexuales distintos. 

Luego creces y es inevitable que todos supongan que si estás rodeada de hombres tu trato va a ser especial , crecerías con coronas , tutus y diamantina y jamás te preocuparías por nada ya que tendrías a tus corceles jalando de tu carruaje. Cada que una persona me insinuaba esto, sentía que me hablaban en japonés, mi vida era karate, risas, pláticas de pedos (que después con mis hijos lo entiendo que lo traen en el sistema nervioso) y mucho trabajo en equipo igualitario, había Barbies que mis hermanos me regalaban, pero terminaba prefiriendo jugar a lo que ellos estaban jugando. Y no por querer ser niño, sino por que quería jugar con ellos siempre.

Mi papá es un feminista absoluto que siempre me decía que era su orgullo y no era por ser “su princesa” sino por que me esforzaba para conseguir mis metas. Mi mamá creció inevitablemente en una casa machista, pero ella era lo que a mi me gusta llamar “real feminist” sin manuales ni manifestaciones, sólo iba por la vida sabiendo que todos éramos iguales y nos alejo de ese mundo de “superioridad masculina” del que ahora muchas mujeres nos quejamos.


Así pase mi vida sin entender el machismo , hasta que llego el día … viví en muchos lugares del mundo en donde quiero pensar que estaban un poco más revolucionados en cuanto a la equidad de género y eso me ayudo a no enfrentarme con las diferencias de género antes de regresar a México. Pero fue inevitable enfrentarme al machismo cuando a mis 27 años decidí volver y hacer mi vida junto con mi esposo.

Decidí trabajar y me topé con un mundo de machos, usaba la misma ropa que cuando vivía en NY para ir a trabajar y recibí comentarios de machistas, decidí pedir más dinero en mi oferta de trabajo y me topé con “no puedes ganar más que él”, decidí caminar por las calles y no pasé un solo día sin escuchar piropos asquerosos que ante el oído del folclor cultural pueden ser graciosos, pero a mis 27 sonaban a insultos y era inevitable que me diera pánico salir sola y libre como siempre lo había hecho.

Luego mi esposo y yo decidimos tener hijos y aquí empezó el verdadero reto de la “crianza libre de machismo” siempre dijimos que sólo tendríamos dos, por un tema de responsabilidad social y sustentabilidad, y cómo era inevitable tuve HOMBRES. Nacieron mis hijos en tierra de machos, con un padre criado muy diferente a mi, pero que poco a poco iba entendiendo lo que es igualdad de género por que no se lo habían explicado de pequeño como a la mayoría de los mexicanos. Al igual que mi madre decidí dedicarme a su crianza de lleno aunque trabajo, siento que esta era la única forma de evitar que les contaminaran la mente con “los niños no lloran”, “aguántate”, “los hombres son más fuertes”, y todas esas tonterías que rodean a los niños cuando crecen. Ya que el hombre no nace diferente tampoco, nace sensible y amoroso y es culpa de quienes los criamos ,el que se tuerzan en el camino.

Así que sorprendentemente para mi el gran reto de criar a un niño libre de machismo no ha sido mi hogar, ha sido la sociedad en donde nacieron, y la crianza que les dan a los niños de al rededor. Me topo con mis propios demonios cuando regresan un día después de la escuela y me dicen “las niñas son más débiles” , dudo que lo crean pero es algo que se dice ahí afuera y el borrar eso nos cuesta como madres. Como educadora Perinatal, a veces uso mis herramientas de educación para estos argumentos, si a veces se pasan les pongo el video de su parto y les digo : “crees que somos débiles”? Jajaja – pero hablo con ellos y les hago entender que yo soy niña , que si ellos creen que soy débil, y siempre acaban aceptando que soy fuerte.

Como madre de hijos hombres me doy cuenta que el problema empieza en cómo cuidamos, cómo criamos y cómo les hablamos. Los primeros dos años de vida son los que forjan la personalidad de nuestros hijos por el resto de su vida, hazle saber a tus hijos que estás ahí para ellos y que eres lo más importante para ellos, así sabrán que sin una mujer ni siquiera existirían, y siempre que la sociedad les imponga ideales distintos regresa a ese momento. Déjalos llorar, sentirse mal, decir que te aman, duérmelos contigo, y hazlos sensibles. Enséñales el respeto a su propio cuerpo desde pequeños y demuéstrales la magia del cuerpo femenino, aquel cuerpo que los hace, los alimenta y los protege. No les mientas acerca de la reproducción, el nacimiento y la lactancia. Ellos verán el cuerpo femenino como un templo si les enseñas lo que es en realidad y sabrán respetarlo cuando crezcan.

Se su referencia como mujer, enséñales que la familia es un equipo no una competencia, que tú y tu pareja se complementan y que el uno sin el otro no lograría nada, no les hagas creer que tú eres mejor o que el hombre es superior, todos son proveedores y todos trabajamos para sobrevivir a diario.


Siempre que regresen con argumentos machistas, regresa a tu referencias, a tu templo, al que los hizo. Demuéstrales la fuerza femenina a través de cariño y respeto. 
Ayer me decía mi esposo, “en cuanto tiempo crees que el mundo sea mejor”? Y le respondí “cuando los hijos de familias que crían con respeto se encarguen del mundo”. Así que esperanzados de que esto suceda cuando nuestros hijos sean grandes.

No hay que tener miedo al machismo; hay que tener miedo a aquellas sociedades que no saben recalcar la importancia de las mujeres dentro de ella, dentro de su propio hogar ¡Simplemente somos iguales!

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