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[De] Construyendo el género

[De] Construyendo el género

Soy Tatiana Revilla abogada con maestría y doctorado en política pública. Realicé una estancia postdoctoral en Edimburgo en el 2017 sobre políticas públicas para la igualdad y actualmente soy directora y fundadora de Gender Issues, una organización especializada en políticas públicas para la igualdad y violencia de género. Soy coordinadora del programa de género de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Desde hace más de diez años he trabajado temas de género y política pública a nivel internacional, nacional y local.  A partir de hoy estaré colaborando de manera mensual en Romina Media con mi columna [De] Construyendo el género. 


¿Por qué importa hablar de género? ¿Para qué una columna? 

La palabra género tiene distintos significados. Las definiciones oficiales van desde clase o tipo a que pertenecen las cosas; conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes; categorías gramaticales y, ya reconocido por los señores de la RAE: “El grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”.

Los estudios de género atribuyen a algunos investigadores como John Money y Robert Stoller (investigaciones enfocadas a personas intersexuales, es decir, aquellas personas que nacen con anatomías reproductivas o sexuales distintas a lo que tradicionalmente se considera masculino o femenino) el uso de la palabra de lo que hoy conocemos como construcción social y las diferencias entre sexo y género. 
Diversas feministas retomaron el término como una categoría de análisis para explicar las diferencias sociales entre mujeres y hombres e hicieron la gran revolución feminista, desmontando la idea de que los genitales determinaban comportamientos, habilidades y actitudes: Simone de Beauvoir, Joan Scott, Gayle Rubin, Shulamith Firestone, Judith Butler, Catharine MacKinnon, Nancy Fraser, Angela Davis, o Bell Hooks, por mencionar a algunas.

Gracias a ellas y a otras grandes feministas, hoy no hay espacio que no esté atravesado por el género, y los medios es uno de ellos. Actualmente, universidades de todo el mundo ofrecen programas enteros relacionados con periodismo e investigación con perspectiva de género (PEG); existen agencias de noticias especializadas en visibilizar las desigualdades de género como CIMAC en México; y hay secciones como @nytgender de The New York Times; y en The Guardian con las noticias agrupadas en la sección gender; Milenio con el suplemento TODAS; comités para investigar con PEG en los periódicos más reconocidos del país; un público en redes sociales exigiendo contenidos con sensibilidad y conocimiento en el tema y, un movimiento feminista potente exigiendo cambios. 

Por eso esta sección importa. Importa saber que aprendemos a ser mujeres y hombres desde antes de nacer y que nos ha llevado siglos desaprender a serlo. Importa entender que no estamos obligadxs a cumplir con estereotipos femeninos y/o masculinos si no queremos.

Importa alzar la voz sobre la violencia de género contra las mujeres que se vive hoy en este país, donde 66.1% de las mujeres ha sufrido violencia al menos una vez en su vida; donde matan a diez mujeres al día posicionándonos en el primer lugar de muertes de mujeres en Latinoamérica y en el lugar número 15 a nivel mundial en el que las mujeres han sido mínimo una vez violentadas por su pareja. 

Nos toca entender que las personas no tenemos que caber dentro de una caja de normalidad por miedo a ser excluidxs, discriminadxs o violentadxs. 

Tenemos la oportunidad de rehacer los datos, la teoría, las costumbres, las instituciones y todo aquello que nos ha alejado de la libertad de ser las personas que se nos dé la gana ser. ¿Para qué? Para cambiar narrativas. Reescribir historias. Abrir el abanico. 

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