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Cuando nos asusta lo que nos gusta: el sexo y nuestros miedos

Cuando nos asusta lo que nos gusta: el sexo y nuestros miedos

Si el miedo y el sexo fueran pareja, serían una relación cercana y disfuncional. Serían de esas parejas que a veces se necesitan y se ayudan, pero que nunca dejan de dañarse; y más que seguir juntos “por los hijos”,  este binomio subsiste porque se alimenta de la vida sexual de muchísimas de nosotras. 

De hecho, si entrevistamos a cualquier terapeuta sexual sobre los motivos de consulta más frecuentes de sus pacientes, el miedo seguro estará entre los cinco motivos más populares y probablemente tendrá que ver con todos los demás.  Miedo al sexo, miedo al desempeño, miedo al qué dirán, miedo a no sentir, miedo a las disfunciones, miedo a las infecciones… la lista es larguísima. Lo he visto cientos de veces: iniciamos nuestra vida sexual con miedo (miedo a que me duela, miedo al embarazo, miedo a que me rechacen, miedo a que no me guste…) y, aún así, tememos que termine.

Como tal, el miedo no es absolutamente malo. El sentido de su existencia es preventivo; nos mantiene alerta, nos hace huir de las vergüenzas (y a veces lo logra), e idealmente, nos debería mantener saludables.  Sin embargo, en muchos casos, en vez de que el miedo se vuelva nuestro motor para actuar, nos paraliza, nos hace retroceder, y a veces, nos hace sentir completamente perdidas. 

Pero más allá de los miedo más “obvios” relacionados con el sexo, aquí hay cinco de los terrores de los que menos nos atrevemos a hablar (sí, de esos que sólo nos aventuramos a consultarle a San Google) e información que puede ayudarnos a dejarlos atrás.

Miedo a que nuestro cuerpo nos deje en ridículo

Ningún cuerpo es perfecto ni predecible. Eso incluye nuestras secreciones, gases, sonidos y reacciones a todo lo que ocurre durante el sexo. De hecho, tratar de controlar todo lo que sucede durante una relación sexual nos distrae al punto que, para muchas personas, se vuelve imposible tener un orgasmo. Además, concentrarnos más en satisfacer a otra persona que en pasarla bien, termina por quitarle al sexo lo interesante (y de paso, termina por frustrar a la otra persona, quien seguramente también disfruta complacernos).

Miedo a no satisfacer a una pareja

Aunque el miedo al desempeño es mucho más de hombres que de mujeres, la realidad es que a muchas nos aterra ser consideradas malas amantes o hacer algo que a nuestra pareja no termine de gustarle. También está el tema de nuestro cuerpo y las “imperfecciones” que solemos encontrarle (y que, a veces, sólo vemos nosotras).  Aquí hay dos cosas que vale la pena tomar en cuenta: primero, la penetración y el orgasmo no son los únicos objetivos de una relación sexual, y creerlo es la mejor manera de perdernos de todo lo bueno que el sexo puede ofrecernos. Nos hemos acostumbrado a ver el sexo como un acto centrado en objetivos; algo que lograr (por ejemplo, un orgasmo) o una habilidad que practicar, en lugar de algo para experimentar y disfrutar. Lo segundo es recordar que si alguien nos considera atractivas y nos desea, es increíblemente improbable que se espante o cambie de opinión al saber que tenemos celulitis, y si lo hiciera, definitivamente nos ahorramos un problema (thank you, next!).

Miedo a que nos pidan algo que no queremos hacer

Desde sexo oral hasta sexo sin condón, una situación en la que nos sentimos obligadas a hacer o dejar de hacer ciertas cosas, se vuelve incómoda muy rápido. En realidad, detrás de este temor suele existir otro miedo un poco más profundo y que tiene que ver con la posibilidad de confrontar a otra persona o, en muchos casos, con la idea de que si decimos que algo nos disgusta, haremos que nuestra pareja se sienta rechazada. Este tipo de situaciones son un síntoma de que necesitamos mejorar nuestra asertividad sexual, que es nuestra capacidad de negociar y de expresar nuestros propios límites y necesidades y de respetar los de los demás. Siempre y cuando lo hagamos de manera respetuosa y sin culpar al otro, decir lo que sentimos no sólo contribuye a mejorar nuestra capacidad de sentir placer, sino que abre la puerta a seguir comunicando lo que cada uno desea (y eso, lejos de perjudicar a nuestra pareja, la beneficia).

Miedo a que me deje de gustar el sexo

El deseo sexual es un asunto multifactorial, y por tanto, depende de aspectos biológicos, psicológicos y sociales. A lo largo de nuestra vida, nuestro deseo puede cambiar por distintas causas (medicamentos, enfermedades, niveles hormonales, situaciones de estrés, etc.. Estos cambios no son necesariamente negativos y, muchas veces, el modo en el que lidiamos con ellos logra mejorar nuestra vida sexual (por ejemplo, si nos atrevemos a replantear acuerdos, a descubrir cosas nuevas y a comunicarnos más efectivamente). Para este miedo en particular, vale la pena tratar de evitar un fenómeno conocido como “profecía autocumplida”, que ocurre cuando una predicción se hace realidad simplemente porque, al creer que sucederá, de manera inconsciente nuestra conducta termina por provocar que así suceda. Después de todo, el cerebro es nuestro órgano sexual más importante y nuestros pensamientos pueden ser un arma poderosa.

Miedo a no poder manejar los sentimientos que surjan del sexo

Mientras que algunas personas pueden separar facilmente el amor del sexo, hay a quienes les resulta súper complicado iniciar una relación que no tiene posibilidades de convertirse en algo a largo plazo. Y nuestro cerebro no ayuda: durante una  una relación sexual, las personas (sobretodo las mujeres) liberamos oxitocina, mejor conocida como la hormona del apego, y sí, es la culpable de que queramos hacer cucharita y hacer planes románticos después de un orgasmo. En estos casos, lo que más nos ayuda es ser realistas: no todas las relaciones (sexuales o no) terminarán transformándose en lo que soñamos que sean. A veces sólo se trata de disfrutar el momento, arriesgarnos un poco y dejar que las cosas tomen su propio rumbo.

Si tuviéramos entonces que darle un par de consejos a esta pareja disfuncional miedo-sexo, podríamos recomendarle equlibrar la posibilidad de disfrutar del placer que da el sexo, y la cautela que lo transforma en bueno, bonito y saludable.  

Muchos de nuestros miedos al sexo son invisibles, incluso para nosotras mismas. Por eso, descubrir y comprender su significado toma tiempo. Si sólo decidimos huir de ellos y descartar lo que pueden enseñarnos, estamos renunciando a una experiencia que puede sumar mucho a nuestra vida sexual.

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