Crymaxing: cuando los orgasmos nos hacen llorar

Llorar después del sexo no es tan raro como imaginamos, pero las razones que nos llevan a las lágrimas pueden ser completamente distintas de una persona a otra. De hecho, algunas de estas razones son tan complejas, que entenderlas requerirá de una profunda exploración personal.

Hay pocas cosas que desestructuran más a un hombre que ver llorar a una mujer, sobretodo si el contexto en el que ocurren las lágrimas no es lo que ellos consideran “típico femenino” (funerales, películas tristes, anuncios cursis, etc.). Parte de la explicación detrás de esto es que el llanto es una reacción emocional ambigua; es decir, los seres humanos podemos llorar por muy distintas razones: tristeza, alegría, enojo, ansiedad, etc. Sin embargo, es casi seguro que, si alguien se pone a llorar a moco tendido después de una sesión de sexo, la confusión que genera se multiplicará.

Que una mujer llore después del sexo es de las peores pesadillas masculinas; para ellos, es casi como decirles que reprobaron como amantes y fallaron como hombres. Y aunque suene a drama, la ciencia ha encontrado que el malestar que ellos sienten al vernos llorar no es del todo exagerado. De hecho, algunas investigaciones han descubierto que las lágrimas que producimos las mujeres cuando estamos tristes, disminuyen la excitación sexual en los hombres y la concentración de testosterona en la saliva masculina. Qué shock, sí, pero eso no significa que su satisfacción sexual sea nuestra responsabilidad, o que sea cierto que la satisfacción femenina es resultado único y directo de lo que ellos hagan o dejen de hacer.  

Pero, ¿por qué nos da por llorar con el sexo?
Lo primero que hay que decir es que el crymaxing (así le han puesto en inglés y el término me encanta) es más común de lo que pensamos y dos cosas son un hecho: pocas veces se relaciona con emociones negativas y casi nunca tiene que ver con la persona con la que estamos en ese momento.  De hecho, el llanto que sigue al orgasmo puede ser un asunto tan complejo, que ni siquiera nosotras entendamos exactamente de dónde viene. En general, el crymaxing puede ocurrir en una o más de estas cuatro situaciones:

1. Porque así es el sexo y así somos nosotras.  

Resulta que las mujeres, casi independientemente de la cultura a la que pertenezcamos, lloramos un promedio de 3 a 5 veces más que los hombres. Entre las posibles explicaciones para esta diferencia está la presencia de la prolactina, que es una hormona que estimula la producción de leche después del parto, pero que también se encuentra en el llanto “emocional” femenino. Por otro lado, el sexo genera en las personas todo tipo de reacciones físicas y emocionales. Una buena sesión de sexo nos acelera el corazón, nos hace sudar, nos despeina, nos deja como Bambi (de piernitas temblorosas y difícil caminar); pero también, la liberación de oxcitocina y dopamina nos vincula con todo tipo de emociones. En resumen, el sexo es emocional, y el llanto siempre ha sido un modo en el que las personas expresamos lo que sentimos.

2. Porque el orgasmo puede desencadenar dolor.

La disforia poscoital es una afectación negativa que ocurre después de un encuentro sexual (aunque el sexo haya estado increíble). No suena bien y definitivamente no lo es para el 32.9% de las mujeres que lo han experimentado. Esta situación puede ser el resultado de algún trauma del pasado (y probablemente algo con lo que no hemos lidiado aún), y sus efectos van desde un dolor de cabeza pasajero hasta una molestia insoportable en la zona de la vulva y vagina.

3. Porque el orgasmo nos libera.

Emily Nagoski, autora de uno de los libros más vendidos sobre el orgasmo femenino, ha explicado que los orgasmos que nos hacen llorar suelen ser los más “emocionales e intensos, aquellos que funcionan como relajantes y que nos ayudan a liberar estrés”.  Entonces, dependiendo de lo que esté pasando en tu vida, un orgasmo puede ser sólo eso, o convertirse en el pretexto perfecto para desahogarte y sacar todo lo que traes atorado (sin albur).

4. Porque el orgasmo nos hace felices.

Y como todos los finales felices, puede sacarnos alguna lágrima (o varias). Por eso, la razón principal por la cual las mujeres lloramos después de tener un orgasmo es que nos sentimos conmovidas y felices.  De hecho, para muchas mujeres, el crymaxing es de lo más natural: “me pasa cuando tengo un súper orgasmo”, “yo he llorado incluso después de masturbarme”, “cuando lloro después de un orgasmo, no es por tristeza o dolor. Mis lágrimas son la forma en que mi cuerpo libera todas las emociones que me provoca el placer y la posibilidad de lograr una conexión sexual profunda”.

Entonces, ¿en qué momento se puede convertir en un problema?

Aunque no existe un número máximo de veces en las que alguien puede llorar después del sexo, siempre es fundamental analizar si necesitamos atender la razón que puede haber detrás. Por ejemplo, si llorar después de un orgasmo es tu forma de expresar felicidad, lo ideal es hablarlo con quien estés en ese momento (especialmente si la cara de desconcierto que tiene te lo está pidiendo a gritos). Sin embargo, habrá que considerar pedir ayuda (terapéutica o médica) en cualquiera de estas tres situaciones:

  1. Si llorar después de un orgasmo te deja con sentimientos encontrados (te desahoga pero no te quita la tristeza), pero sobretodo si los sentimientos o recuerdos que prevalecen, en vez de ser positivos, son negativos.
  2. Si el llanto se asocia con algún síntoma doloroso recurrente.
  3. Si llorar después del sexo es tu única válvula de escape para afrontar el estrés, la frustración o la ansiedad.

Al final, es importante recalcar que parte del atractivo que tiene el sexo es que mueve muchas cosas, tanto en el plano físico como en el emocional. Por eso, no hay nada mejor que dejarlo fluir, incluido el llanto, porque dejando fluir las lágrimas también conectamos con experiencias y sentimientos que estaban ahí esperándonos a ser vistas.

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