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Cómo las artistas latinas resignificaron mi idea de belleza

Cómo las artistas latinas resignificaron mi idea de belleza

Crecí en una generación donde los desfiles de Victoria’s Secret eran parte del imaginario colectivo e ideal como mujer. Recuerdo que mis amigas y yo solíamos utilizar la clase de computación para ver videos de las pasarelas en youtube, admirábamos y envidiábamos a esas mujeres delgadísimas, con piernas kilométricas y un abdomen surreal. Después de ver estos videos salíamos al recreo y cuando nos dirigíamos a la cafetería lo único que se nos ocurría pedir era una botella de agua para “comer”, y es que pareciera que estas mujeres tenían el mundo a sus pies gracias a su esbelto cuerpo… y evidentemente nosotras queríamos lo mismo.

No fue hasta mucho tiempo después que me dí cuenta cuánto me afectaron los estereotipos de belleza y la cultura popular del “cuerpo de modelo”. Crecí alabando a Cara Delevingne, quería ser igual de delgada, tener unos pómulos ultra marcados, brazos y piernas delgados y en mi cabeza el único camino que podía dirigirme a ese objetivo era hacer una comida al día, hacer ejercicio ocho horas, después llegar a casa y hacer cien abdominales en la madrugada. Obviamente no era un estilo de vida en lo absoluto saludable, pero se empezaron a marcar los huesos en el pecho y la columna vertebral,  iba al doctor y siempre era un motivo de alegría que me dijeran que estaba equis kilos abajo del peso normal y que tenía que aumentar. A pesar de que llevé mi cuerpo al límite, estaba baja de peso y no lograba parecerme ni tantito a esas modelos que admiraba en las pasarelas. Realmente me frustraba demasiado, ¿¡cómo era eso posible si pesaba 32 kilos, igual que todas ellas!?

Tiempo después descubrí que la genética forma parte importante en el juego del cuerpo, vengo de una familia donde todos miden en promedio 1.60, (yo mido 1.56) mi abuela materna era una mujer de Michoacán de caderas y piernas anchas y me tocó a mí heredarlas, mi abuela paterna venía de una herencia indígena con facciones y un tono de piel que definitivamente no “encajaba” en los cánones de belleza. Y es que la respuesta era taaaan simple, podía dejar de comer por meses y hacer miles de horas de ejercicio, sin embargo la genética nunca iba a jugar a mi favor para poder parecerme a esas modelos rubias, de ojos azules, de 1.80 de estatura.

Viví frustrada muchos años recriminándome por qué no podía ser de tez blanca, ojos de color, ser delgada, tener una abdomen de ensueño, caderas y piernas más delgadas y miles de “atributos” más. Viví pensando que dentro del canon de belleza era una mujer defectuosa por ser lo que era. 

El mercado es muy cruel con las mujeres, nos ponen anuncios de cremas, ropas, maquillaje con mujeres alemanas, francesas, rusas y miles de nacionalidades más para vendernos una ilusión, y no me malinterpreten sé que esas mujeres existen pero ¿qué tan cercano te hace sentir un anuncio así? Recuerdo una vez que platicaba con algunos amigos surgió el comentario de una persona extranjera diciendo que le daba mucha risa la televisión mexicana porque pareciera que cuando llegan los comerciales cambiaba a otro país europeo, nada de lo que nos venden hace un approach familiar a lo que realmente somos.

Tuvieron que pasar muchos años y que iniciara el boom de un movimiento pro inclusión a los cuerpos reales para que pudiera entender que no todo lo que brillaba en la TV era oro. Recientemente actrices como Barbie Ferreira o modelos como Ashley Graham nos han mostrado la contraparte de la historia donde existen mujeres con estrías, hipotiroidismo, celulitis, caderas y piernas anchas y con todo y eso que nos hicieron creer que eran “defectos” estas mujeres han logrado acaparar la atención por su belleza. Eso para mi fue un empujón bastante fuerte para empezar a quitarme los estigmas sobre mi imagen y mi físico con los que cargué por muchos años y que le hicieron mucho daño a mi cuerpo y  salud mental. 

Recientemente escribí en otra nota lo maravillosa que ha sido redescubrir el reggeaton, no solo por la música, los exponentes y la carga cultural, sino que también llegó a mi vida como una clase de epifanía en donde he encontrado en un espacio donde me puedo sentir reconocida con sus exponentes.

La primera vez que vi un video de Becky G ¡no podía creer que la mujer midiera 1.54! y estuviera rompiéndola en el mundo de la música, ver a una mujer como Karol G (jajaja no entiendo por qué tantas G’s) Ms. Nina, Tomasa del Real o incluso mujeres como Rosalía, Nathy Peluso con unas caderas y piernas imponentes podían ser consideradas como mujeres atractivas y guapas al contrario de lo que yo pensaba.

Todas y cada una de esas mujeres resignificaron lo que yo pensaba era “la belleza”y le dieron un giro de 180 grados a mi idea: por primera vez entendí que no sólo existían esas mujeres rubias de 1.80 bellísimas sino que también existían mujeres como yo, que median 1.50 y tantos, eran de tez morena, tenian caderas anchas, y estaban al fin siendo visibilizadas, me podía sentir más cercana y reconocida. Todos esos atributos de mi cuerpo que en algún momento pensé que eran defectos hoy he aprendido a amarlos y a entender que la genética nunca jugó en mi contra, fue más bien la tóxica y desconsiderada forma en la que un sistema patriarcal publicitario impactó en mi construcción de identidad y belleza.

Hace un año el famoso desfile anual de Victoria’s Secret fue definitivamente cancelado debido a que la firma fue perdiendo popularidad entre las nuevas generaciones al no lograr evolucionar e incluir modelos con cuerpos reales, más inclusivos. Sonará contradictorio pero no tienen idea de la alegría que me dio enterarme de esa noticia y saber que ninguna otra generación se vería afectada por estas expectativas irreales de belleza. En contraparte surgió el desfile Savage X Fenty de Rihanna, una celebración a la liberación y diversidad.

Yo, después de muchos años pude encontrar en las exponentes del reggaetón un lugar donde sentirme reconocida y cómoda con quién soy. Y si en algún punto de este texto te sentiste reconocida realmente te invito a ignorar todas esas creencias que se nos inculcaron como mujeres y de cómo debíamos ser. Atrévete a explorar y encuentra ese lugar donde te sientas reconfortada, porque no hay una sola forma en la que se puede ser mujer. Hoy en día en una sociedad donde constantemente nos bombardean con anuncios que lucran con nuestras inseguridades, gustarte y amar tu cuerpo es un acto de rebeldía. 

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