Cartas a un México Feminicida

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Febrero fue un mes especialmente difícil para ser mujer en México. Cada día se ejecutan en promedio 10 feminicidios en el país, y más del 90% quedan impunes. Pero este mes hubieron dos casos especialmente estremecedores: el de Ingrid Escamilla y la niña Fátima. Crímenes de odio que no deben tener lugar en un país como el nuestro. Por eso nos pareció imprescindible poner nuestro esfuerzo y atención en la situación actual y hablar de ella. De todo el horror que está sucediendo hay una pequeña luz: la unión de todas las mujeres exigiendo un alto a la violencia de género. 

Nos encantaría tener la capacidad para albergar las voces de todas las mujeres de México que quieran compartir cómo es ser mujer  actualmente en este país feminicida. Son muchas las que necesitan compartir su sentir, sus experiencias, sus historias. Hacer visible el sentir colectivo, el miedo, la tristeza pero también la fuerza. Hoy la fuerza y la motivación es lo que nos une, lo que está generando que siendo desconocidas nos queramos y nos cuidemos por el simple hecho de ser mujer. Como nuestra capacidad no nos permite albergar todas las voces, nos acercamos a seis mujeres para que nos compartieran una carta abierta, producto de todos los sentimientos que se están moviendo dentro de nosotras.

Cada una desde su lugar está abriendo su corazón, sus dudas y sus deseos sobre todo esto que están -estamos- viviendo. Cada historia está ilustrada por Christian Castañeda conocida como Xian Of The Death, una ilustradora y artista mexicana cuyo universo creativo es mágico y reconfortante. Esperamos que estas cartas conecten con ustedes y sean el bálsamo que todas necesitamos para sanar y seguir luchando.

A tí, que no quemarías la ciudad por mi

Por: Nena Mounstro
Digital marketing
Tw: @nenamounstro
IG: @nenamounstro

Trato de ya no pensar en ellos, trato de ya no ir a sus perfiles de Instagram o Twitter para ver en dónde andan o qué hacen, si están contentos o tristes o si me extrañan. Trato de que su distancia y su indiferencia ya no me duela. Pero es difícil. Escribo esta carta y se me llenan de lágrimas los ojos porque recuerdo que este Año Nuevo ya no la pasé con ellos. Que de ahora en adelante a mis cumpleaños ya no están invitados. Que yo ya no seré parte de ninguno de sus éxitos ni los abrazaré para compartir un fracaso. 

Trato de ya no pensar en ellos y de no pensar en todas esas bodas donde ya no estaré en la foto del recuerdo, de esos funerales donde ya no amaneceré tomándolos de mano por su pérdida, de esos conciertos en los que perdíamos la voz juntos, de las noches de cine de terror tirados en la sala de alguien, de nuestras cenas fijas una vez al mes y de ese grupo de Whatsapp que parece Chérnobil de lo abandonado que está y donde nadie se atreve a abrir una conversación. 

ilustración: @xianofthedeath

Trato de ya no pensar en ellos porque no sé explicar el dolor que sintió mi corazón al saber que ellos defendieron a un presunto abusador en el #MeToo. Y así como a ellos despedí a mucha gente de la oficina, de mi Twitter, y de otros círculos porque me quedó claro que si a mí me pasara algo, me echarían la culpa a mí. 

Ahora trato de pensar en todo lo que estoy haciendo bien. Hoy, desde aquí les pido perdón a todas esas mujeres que no supe defender cuando alguno de mis amigos habló de ellas (a las que llamaron “locas”, “putas”, “estúpidas”, “acosadoras”, “dementes”, “enfermas”, “histéricas”). Donde yo, con mi silencio y desde mi ignorancia, ayudé a normalizar ese machismo verbal hacia ti, hacia mí. Me siento responsable de fomentar estas conductas con mi silencio. Pero un día hablé, te defendí sin conocerte y los perdí. 

Nadie me dijo que por ser feminista perdería amigos, pero supongo que el feminismo es así. Hasta cuando luchamos, perdemos y está bien. Perdemos, pero ganamos y no dejamos de luchar. Si tú has perdido amigos en el camino por “culpa” de tu nuevo, torpe, novato, becario, recién nacido feminismo: llora, enójate pero déjalos ir, no es tu trabajo convencerlos de nada y te prometo que se pone mejor porque de este lado hay muchas mujeres que te estamos esperando sin importar qué o quién fuiste antes. Te queremos por lo que hoy eres y te necesitamos con nosotras. 

Hoy, trato de ya no pensar en todos esos amigos que fueron muy queridos porque supe que ellos no quemarían la ciudad si un día desaparezco.


Cuestiones Femeninas

Por: Marcela Viejo 
Cantautora
TW: @marcelaviejo
IG: @marcelaviejo

Querido México, 

Te hablamos las mujeres, te queremos decir que este siglo tenemos la tarea de nombrar y desenmascarar los hechos que hemos venido soportando por muchos años, te adelanto que no queremos un país dividido, queremos arreglar este que ya tenemos, pues es evidente que necesita una reparación social urgente.

No queremos dejarlo todo solamente en quejas, queremos crecer, que nos comprendan. Queremos desenmascarar las trampas del lenguaje, ponerle nombre a la desigualdad salarial, a la visión sexista que ha existido en los medios de comunicación, a la representación de las mujeres en la publicidad, queremos nombrar la necesidad urgente de poder decidir sobre nuestro cuerpo y nuestros derechos reproductivos, queremos desenmascarar a violadores y asesinos para que se haga justicia por todas las muertes de más de 10 mujeres diarias. 

ilustración: @xianofthedeath

Queremos crear nuevos modelos de relaciones personales e íntimas. Queremos nombrar todas y cada una de las etiquetas que nos han impuesto para ser una mujer perfecta; decirte que somos parte de ti y que somos muchas, pero sobre todo, que lo único que pedimos es poder vivir en paz, sin miedo  y con los derechos que debe tener cualquier ser humano. Hoy nos cuestionamos todo, para buscar nuevas soluciones, nuevas maneras, nuevos destinos que no se vean truncados, forzados y ultrajados por la normalización del abuso que has permitido por tanto tiempo.

Para explicarme mejor, te escribí está canción, la tituté “Cuestiones Femeninas” y lo mejor de todo, es que en ella se escucha la voz de más de una mujer valiente. Mujeres  que se atreven a cuestionar y unirse por esta causa; Todas creemos que estamos en una emergencia nacional, por favor considéranos. 

Gracias Alejandra Moreno (Ruido Rosa), Andrea Franz, Madame Recamier, Renee Mooi por sumar su talento y su linda voz.


Fátima, te fallamos.

Por: Chantal E
Activista de los derechos de la mujer en la maternidad y de la primera infancia.
IG: @soymamafeminista

Intenté hacerle una carta a Fátima, con respeto y amor. Empezaba diciendo “Te fallamos. Lo siento tanto.” Pero no pude continuar. Tenía tan solo 7 años de vida cuando injustamente decidieron quitársela. Un feminicidio infantil, en el país número uno en abuso infantil, un país feminicida. Duele en el alma pensar en sus últimos minutos de vida, pero debemos hacerlo. No hay que ignorarlo: hay que reconocer y afrontar lo que sucedió como ella lo hizo. Necesitamos que duela. 

Nadie debería vivir algo tan terrible, esto nunca debió pasar. Me hace pensar en todo lo que está mal en la sociedad, en el gobierno y en la gravedad del machismo que no podemos seguir perpetuando.

ilustración: @xianofthedeath

Estamos enojadas, tristes y tenemos miedo. Son tres sentimientos que cuando se unen generan chispa, como un fuego violeta. Estas situaciones de machismo, violencia, acoso, y feminicidio no son algo nuevo, pero hoy algo está pasando: hay un despertar que está pidiendo un cambio. 

Toda mi vida he tenido la inquietud de que algo está mal en un panorama que es normal. Varias veces me he sentido inferior a un hombre, sexualizada, acosada y violentada. He de confesar que soy machista también y el cambio empieza cuando lo reconoces. Todas las personas tenemos algo de machistas, muchas veces no nos damos cuenta porque crecimos en un ambiente tóxico-machista normalizado. Y para cambiar se necesita romper gran parte de los conceptos sociales que tenemos y después ejercer la reconstrucción.

El cambio no va a ser perfecto, seguramente tendrá (como ya lo ha tenido) baches en el camino. Hay opiniones, contextos de vida y reacciones diferentes. Así es que pido paciencia y empatía entre nosotras, creo que finalmente buscamos lo mismo: ser libres de cualquier tipo de violencia solo por ser mujeres. 

Fátima me está doliendo en especial, soy madre y tengo una hija. Me está doliendo a mí y a otras madres que le hemos llorado con el alma y sentimos el vacío de su muerte. Por eso quiero cerrar esta carta dirigiéndome a ella:

Hermosa Fátima. Estamos tratando, aunque sé que no ha sido suficiente. Vamos a hacer más, te lo prometo. Deseo que en donde estés no exista el sufrimiento. Deseo que seas libre y vueles alto. 
Descansa en paz.


Primero, hoy. 

Por: Fernanda Echevarría
Actriz
IG: @echevarriafer

Me llamo Fernanda. Tengo 31 años y vivo en la Ciudad de México. Pero ante las estadísticas alarmantes sobre las mujeres y su seguridad en este país soy prácticamente invisible. Antes de continuar, he de enlistar: 

– Sí me han tocado ó expuesto en un transporte público . 
– Diario veo la lascivia hacia mi o hacia otras mujeres. 
– Un novio llegó a tirarme al piso de un golpe. 
– Tengo muchos amigos amados a mi alrededor que poseen comportamientos machistas. – Nací como la mayoría , bajo una estructura patriarcal que yo también, por costumbre , he fomentado.

Sin embargo vuelvo al inicio:  estoy dentro del 65% de mujeres acosadas. Si bien esto es grave, me siento un cero a la izquierda en las estadísticas atroces porque no he desaparecido, sigo viva. Y es ese el índice brutal que nos ha llevado a un estado de emergencia nacional. 

En este presente que habito, a consciencia de mi trayectoria saturada de errores que ayudaron a perpetuar el machismo que nos envuelve, pienso en las responsabilidades de un pasado que ya no puedo cambiar. Pienso que el ejercicio terapéutico es importantísimo. Es un privilegio que no todas las personas pueden darse sobretodo por tiempo. Hay terapias gratuitas pero a veces el sistema no nos deja priorizar la salud mental. 

Hablar, desentrañar y sanar es crucial.

Hace no mucho una amiga me llamó para contarme un episodio que había surgido en terapia ocurrido hace más de doce años. La voz temblorosa al contármelo me sacudió por el  terror que contiene eso que parece “confesión”, cuando en realidad es un manifiesto de rabia que no explotó cuando debía. Y en vez, se convirtió en una criatura pequeñísima y enjaulada que ha perdido su voz. 

Los golpes mediáticos como el “a mi también me pasó” y el “#MeToo” nos otorgaron un gramaje de seguridad para expresar.  Independientemente de los manejos, los altercados, consecuencias aisladas y el común caos que puede provocar armar un revuelo en redes, sentimos también un eco sustancioso de mujeres como yo. Como todas: poder iluminarme con la idea de que no fui la única . Eso produjo paz, al menos por un instante. Pero de inmediato, lo que nos horrorizó fue cuán comunes son esos episodios. Y cuantos de esos agresores me resuenan. O fueron amigos míos. Novios ó familiares.

ilustración: @xianofthedeath

¿Cuales serían para mi las acciones cotidianas a desarrollar? A pesar de una sensación de derrota que nos permea, de un cuerpo social poco movilizado, a pesar de la carencia empática, nula sensibilidad y torpeza del gobierno en turno y sobretodo a pesar del terror, yo busco en mi día a día, concientizarme sobre lo siguiente:

  1. La seguridad antes que todo. Crear , fomentar y alimentar redes de cuidado mutuo. Con las vecinas, las amigas, las colegas. 
  2. La educación. Si somos madres, tías, hermanas de niños y niñas, entablar diálogo.
  3.   Fomentar comunicación regida por la paciencia, la escucha y el afecto. 
  4. Cuando a nuestras inmediaciones masculinas se les asome el machismo, poner un firme alto. Así también a las mujeres que poseen aún comportamientos que lo perpetúen. Cero tolerancia a cierto humor, volumen y contenido.
  5. A partir de ahora la frente muy alta. Tomando en serio su significado literal y metafórico. 
  6. En la calle, alertas. Mirar hacia delante y a los ojos de la gente con paso seguro. Y vestirse todas las mañanas con la aseveración de que somos parte de una ola que necesita de todas las manos juntas para levantarse. 

Este país descocido y sangrante necesita más que nunca una radicalización. 

Si todo agresor no usó la palabra ni el intelecto, si decidió volverse bestia y matar… y matar y matar; y si no podemos encontrar justicia ¿Qué es lo que esperan de estos millones de mujeres mexicanas que reducen su cifra por día? ¿Qué nos queda? Buscar todas las formas de manifestación posibles a corta y gran escala. Disociar las viejas defensas machistas. Identificarlas y abolirlas cada día.

Rugir. En cuerpo y voz. Volvernos las mamás de todas. Las hermanas. Ser las que ya no están. 

No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
-Virginia Woolf


¿Qué se siente ser mujer en México?

Por: Astrid Dominguez 
Directora de cine
@lasdesaparecidas_wevanish
@astrid_dominguez

Es difícil responder esa pregunta sin sentir un enorme peso y tensión en los hombros. Me da muchísima tristeza que esa sea mi reacción. Pero eso es lo que siento cuando pongo las palabras mujer y México una al lado de la otra. Lo siento en el cuerpo; me pesa y me duele. Tiene todo que ver con la violencia. La violencia emocional y psicológica también se carga en el cuerpo. Desde que regresé hace un año me pesa como no me había pesado nunca.

Me fui de México hace 5 años sintiéndome una mujer libre, sin darme cuenta que no lo era. Me fui buscando una libertad que no entendía y no me imaginaba que tuviera que ver con mi nacionalidad, con mi cultura, con mi hogar ni con mi género. México es en donde está enterrado mi ombligo y aunque llevo toda la vida dejándolo para irme muy lejos, siempre regreso. Regreso porque lo termino extrañando: la comida,  las calles, el caos. Mi México, mi casa, era donde me sentía cómoda, era en donde me había hecho y construido ese yo libre y empoderado. Pero eso cambió muchísimo esta última vez que me fui y no me lo esperaba, fue una completa sorpresa que me cambió la vida.

Me fui a Australia a hacer la maestría de mis sueños: feliz, empoderada y con un objetivo muy claro volverme la artista y directora que siempre quise ser. Hacer películas de horror y ficción como Ridley Scott y Guillermo del Toro. Ese era mi sueño y mi identidad, con eso me identificaba y sin querer terminé haciendo lo que quería. Una película de horror: un cortometraje sobre feminicidios en el Estado de México.

ilustración: @xianofthedeath

Estando allá fue como si una bomba explotara dentro de mí. Nunca me imaginé que mi choque cultural iba a traerme tanto dolor. Fue como si de madrazo me quitaran el piso y ya no tenía sobre qué caminar. Todas mis bases y estructuras se derrumbaron por completo.

Australia fue inmensamente generoso, me permitió ser todo lo que ni sabía que era y todo lo que siempre había querido ser. Pero vino a un alto costo: mi identidad como persona, como mujer y como mexicana se desplomaron y me dolía hasta lo más profundo del alma. Lo más duro fue darme cuenta que lo único que siempre había querido era igualdad y ser tratada como una persona, no como una mujer. Y que todo lo que me hacía una mujer empoderada en realidad me lo había inventado para poder sobrevivir en un país misógino. Siempre fui castigada por ser mujer y ni siquiera lo sabía. Ahí fue cuando descubrí y entendí que había crecido oprimida, y aun así yo era una de las más afortunadas. Descubrí que mi empoderamiento no había sido nada más que un mecanismo de sobrevivencia en donde había tenido que mutilar mi feminidad y mi sexualidad para vivir un poco menos violentada.

Me hizo darme cuenta que en México las mujeres no somos libres, solo tenemos diferentes jaulas. Algunas son de oro, otras de plata, otras de bronce pero también hay de alambre de púas, esas son las que más pesan y lastiman. Todas vivimos en jaulas y si te sales de la jaula pagas las consecuencias, a veces con tu vida. Yo logré salirme de mi jaula un ratito, pero lo que  más me dolió fue tener que regresar a ella. Regresar a la jaula fue más doloroso que reconocer su existencia y aveces me pregunto si sería más feliz si nunca me hubiera salido de ella.  

Quisiera poder hablar mejor de mi país y decir que ser mujer en México es maravilloso.Pero desafortunadamente es un acto de sobrevivencia y de rebeldía querer ser libre en mi país. Esa rebeldía y ganas de ser libre es lo que me ha impulsado a querer participar activamente en la lucha feminista a mi manera, desde mi trinchera y mantenerme firme en ella. La lucha ya no es opcional porque también nos matan si nos quedamos dentro de las jaulas, es triste pero hoy ya no importa lo que hagas: los mecanismos de sobrevivencia ya no son suficientes. Y creo que eso es lo que ha impulsado a que las mujeres ya no nos quedemos calladas. Ya no hay espacios seguros en dónde ocultarnos. Ser mujer en México es pesado y cansado; todo es una lucha. Pero aun así luchamos porque estamos cansadas de cargar con una tensión que no nos pertenece. Todos los día me motivo a mi misma y a las mujeres que me rodean a seguir en la lucha porque tengo esperanza y confío en que vamos a lograr esa libertad que sé que existe, porque somos muchas y cada vez somos más. No van a poder con todas.


Mi regalo de libertad

Por: Fer San
Tatuadora
@fersanrat

“Ella me enseñó que mujer es sinónimo de fuerza e independencia. Con su propia búsqueda de la libertad me ha enseñado a construir y buscar incansablemente la mía. Haciendo siempre a un lado, amorosa y respetuosamente, a cualquiera que intente detenerla. Nunca hacia atrás, siempre hacia adelante, ideológicamente, humanamente y espiritualmente. Te amo mamá”

Escribí esto acerca de mi madre hace no tanto, reafirmo y sostengo todo aquello que escribí aunque me duele ahora leerlo y darme cuenta que el amor y el respeto no son ni han sido suficientes para mantenernos (todas) a salvo, creo que, pensando nuevamente en lo que me ha enseñado mamá, también se sacar las garras, pelear por lo que es injusto, denunciar el abuso y el maltrato.  Haber crecido con una mujer como ella ha sido un regalo de libertad y empoderamiento, pero al salir de casa y enfrentarme al mundo real sa han nublado algunas cosas. Al darme cuenta de cómo mi condición de mujer en esta sociedad significaba algo, sufrir abusos y maltrato por parte de compañeros de trabajo, amigos, familiares, parejas… ver cómo diario una de nosotras muere o es golpeada o sexualmente abusada, llegar a un grupo de personas y escuchar comentarios o chistes misóginos y machistas todos los días… Yo no soporto seguir siendo cómplice de esta enfermedad, así que me proclamo a favor de la denuncia y la protesta. Que se ofenda quien se tenga que ofender, al fin cada día nos importa menos… 

Nuevamente gracias por todo mamá.


Gracias a todas las voces que nos compartieron su sentir y un especial agradecimiento a Christian Castañeda “Xian of the death”  por darle vida a estas historias con sus mágicas ilustraciones. Si tienes alguna carta que compartir, puedes enviarla a holaitzelalfaro@gmail.com 

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