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Cagándola bien, se aprende

Cagándola bien, se aprende

¡Qué miedo me daba ser un fracaso! Me veía al espejo y decía “no tengo idea de qué voy a hacer con mi vida, no tengo dirección, soy una pendeja”. Qué miedo tenerle que contar a las personas que todo lo que consideraba mío, en realidad era una cortina de humo para tapar mis inseguridades, mi falta de claridad, mi desorden. A los 21 años me sentía como una mujer fracasada, destinada a trabajar para subsistir, pero sin pasión en la vida.

Miraba a los artistas, músicos, pintores, bailarinas, actrices y pensaba, “ellos y solo ellos tienen una pasión en la vida, una razón de ser que les come el alma y los levanta cada mañana con la claridad de un águila que sabe exactamente a donde va”. A los 21 años no tenía idea de cómo iba a encontrar un camino para mí que me hiciera sentir no digamos orgullosa, si no mínimamente presentable.

Estaba paralizada, sentía que había cometido demasiados errores: carrera equivocada, novios equivocados, trabajos equivocados, amigos equivocados, dinero ninguno. Muchas fiestas y aventuras, pero mi brújula interior estaba rota. Me sentía rota, expuesta, una mujer sin futuro.

Hoy estoy por cumplir 39 y no podría sentirme más lejana a esa chica de 21, tengo una pasión en mi corazón que me levanta temprano cada día, he logrado una carrera exitosa, un matrimonio armonioso, una maternidad deseada y estoy trabajando en tener amigas que valen la pena. Hoy puedo decir que he cumplido con muchos sueños y estoy bien. ¿Cómo le hice? Cuando Romina me invitó a escribir, me dio pánico y una vez más la voz de mis 21 años salió a decirme: “no la cagues, mejor dile que no puedes, no te expongas, tú no eres escritora, no seas arrogante realmente a nadie le interesa lo que vas a decir”.

De esa voz interna, sale la intención de este texto, la intención de reconocer que existe y que la aversión a cometer errores, caerse, sentirse expuesta, vulnerable y fracasar nos paraliza o nos hace salir huyendo de las situaciones que pueden ser oportunidades únicas para crecer. Para salir del hoyo, hay que cagarla y bien. Hay que meterse en problemas para aprender a salir de ellos, aventarse en el amor para que se nos rompa el corazón en mil pedazos y a partir de ahí decir: este amor es mío, este corazón es mío y es de oro. Cuando nos rompemos, en la reconstrucción no regresamos al punto de quiebre, crecemos.

El chiste no es andar por la vida nomas cagándola, porque personas que la cagan todo el tiempo hay muchas y no busco ser como ellas, para mí el valor está en la reflexión de mis cagadas, ósea cagarla bien.

Cuando hablo de cagarla bien, me refiero a darnos chance de ser imperfectas, dejarnos seducir por la vida e irnos de boca; con una carrera, por ejemplo. Le dediqué 9 años a la danza y 6 a la actuación, solo para darme cuenta después de ensayar miles de horas, que no tenía ganas de ser bailarina, que no quería ser actriz, que eso no era para mí. Esa reflexión, ese momento de sinceridad conmigo misma, después con mi papá (que no estaba nada entusiasmado con mi idea de estudiar OOOOOTRA carrera) y finalmente con todos los que me conocían y cuestionaban ha sido de mis mayores aciertos en la vida, saber reconocer que la cagué, que pensaba que ser bailarina y actriz era mi camino en la vida y pues no, no era para mí y mi corazón tardó 15 años en darse cuenta.

¿Pérdida de tiempo? JAMÁS, simplemente es el camino que tomé, descubrí cosas hermosas de mi cuerpo, de mi mente, de mis emociones, de la humanidad, leí textos que jamás habría encontrado, entendí que la trinchera del escenario es de valientes y que también es de valientes dejarla cuando no es para ti. Y me solté a la vida sin la más mínima idea de quien era o que quería en realidad, solo tenía claro lo que no quería.

También la cagué bien en el amor. Jugué a la casita y a ser la esposita y después de 3 años me di cuenta de que la super cagué- que ese hombre no era lo que yo pensaba, que había perdido valioso tiempo para dedicarme a mí misma y que el amor no es sacrificio. Pero no me siento culpable, me siento orgullosa de saber que he aprendido del amor, que me he dejado ir por completo y que siempre puedo recuperarme a mí misma. No fue el único mal amor, hubo varios, pero todos sembraron el camino para el amor bonito que tengo hoy, el que yo elegí, el que me corresponde.

Esa voz interna que dice: NO LA CAGUES es la peor enemiga del crecimiento verdadero. Yo digo que hay que cagarla, hay que equivocarse, exponerse, mostrarse en el mejor y el peor de nuestros lados, hay que dejarse ir como gorda en tobogán, porque esos errores son alimento para el alma. La cosa es saberlos ver, saber ser honesta y decir “esto no es para mí, voy a soltarlo, aunque me dé mucho miedo”, o aprender a pedir perdón, a recapitular, a perseverar.

Los errores profundos, nos hacen más sabias, más fuertes, más interesantes. Los errores y los quiebres llenan nuestro costalito de anécdotas para ser unas viejas con contenido, los cambios de rumbo son importantes y refrescantes, hay que perder el miedo al fracaso, pero siempre ser conscientes y entender ¿Por qué hice esto? ¿Por qué llegó esto a mi vida? ¿Cómo voy a usar esto que me pasó o que decidí para mi bien, para mi crecimiento? Cada error es una semilla que puede ser una flor.

Hay que mirar hacia atrás y ver con amor lo que hemos hecho mal, darle luz y espacio para convertirse en reflexión. Caguémosla y hablemos de nuestros errores sin pena pues son la fuente de nuestra belleza interior

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