Haz que tus palabras generen una imagen positiva de ti misma

No cabe duda que la vida te lleva por caminos inesperados para encontrar la manera de aportar tu granito de arena a este mundo. Así de inesperado fue como la vida me llevó a ser instructora de Síclo. Para quienes no sepan qué es Síclo, es un estudio en el que practicamos ciclismo y cada sesión es una experiencia distinta que va acompañada de música y experiencias positivas.

Cuando empecé cómo instructora en Síclo nunca pensé que llegaría a conocer tanto el poder de tener una imagen positiva sobre el cuerpo y de las palabras que usamos para describirlo. Ha sido un gran aprendizaje gracias a los retos que me ha puesto la bici y a la gran cantidad de “riders” que han compartido sus dudas y sus propias epifanías durante y después del ejercicio. Gracias a esas platicas después de clase puedo hablar de esto con gran certeza: hacer ejercicio es uno de los actos de amor más grandes que uno puede hacer hacia sí mismo.  Hablar con ellos no es para alimentar mi ego, es para entender qué es lo que puedo hacer yo para ayudarles la llegar a conocer estos beneficios.

Una vez me llegó un mensaje de una alumna que me contó sobre una enfermedad incurable que la haría siempre verse llenita y al leer las palabras que usaba para describirse me puse a llorar. Pensaba en cómo era posible que alguien tan brillante y bella como ella se dijera fea, gorda y mucho peor cuando me di cuenta que yo también he usado esas palabras hacia mí misma. Palabras que dañan aunque sea de “broma” o sin darle mucha importancia al decirlas. Inconscientemente te lo dices, y te lo crees. Lo que más me ha sorprendido es ver cómo empiezan a cambiar las palabras que usan para describir no solo su experiencia pero también a sí mismos.

El secreto es que hay algo que podemos trabajar a través del ejercicio que es mucho más profundo y definitivamente permanente y eso es la imagen que tenemos de nuestro cuerpo. ¿Alguna vez has pensando cómo sirve cada cosa dentro y fuera de ti? Si te pones a pensar en cada elemento que se necesita para mover un solo dedo te quedarás impresionado de lo magnífico que es el ser humano. Somos una maquina impresionante de carne y hueso. Ahora piensa en las veces que has hecho ejercicio. Bajo nuestro control y adentro de cada músculo existe energía, electricidad y poder.

¿Cómo aprovechar cada momento que puedes de esta gran herramienta y empujar los límites de tu cuerpo?

  1. Con esto en mente el objetivo no va a ser el six-pack o las pompas duras sino empezarás a querer conocerte mejor.
  2. La palabra clave es “querer” porque el hacer ejercicio no viene de la necesidad o de la supervivencia pero si del querer.
  3. Dejarás de obsesionarte por verte como Gisele Bündchen o Chris Hemsworth y te empezarás a ver como es tu cuerpo cuando lo quieres y lo alimentas con ejercicio. Solo existe una Gisele, solo existe un C.H. y solo existe un TÚ.
  4. Ya no se tratará de verse flaco, pero sí en amar lo fuerte que te sientes. Ya tu objetivo de verte ponchado se convierte en la satisfacción de estar saludable. Lo mejor es que esto lo puedes hacer en cualquier etapa de tu vida, a cualquier nivel y experiencia de ejercicio y sin límite de edad. Flaco, gordo, ponchado, mamey, fea, chubby, vieja, aguada etc. solo son palabras. No te definen, no te motivan y no te ayudan, deja de decírtelas.

Al mover nuestros cuerpos y llevarlo al límite se abren puertas de las que salen los peores pensamientos hacia nosotros mismos “no puedes” “tienes la peor condición” “a la de a lado le sale mejor” “soy una vaca”. Todas esas palabras que usamos se convierten en pensamientos negativos y dañan nuestro esfuerzo sobre la bici o en cualquier disciplina que practiques. Es hora de cambiar eso y empezar a usar palabras positivas y amorosas durante y después de hacer cualquier tipo de ejercicio. No solo rendirás más pero empezarás a apreciar los resultados físicos como un esfuerzo hecho con amor.

Este es mi secreto no tan secreto para que cada vez te levantes con más ganas, te pongas la ropa deportiva con emoción y te subas a la bici con el mejor acompañante: tú mismo.

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