El Boykini: cómo deshacerte de la pena y el pudor en una depilación

Voy a empezar este artículo poniéndome de pie y dándole un aplauso a todas las mujeres. ¿Por qué? Porque como hombres a veces no nos enfrentamos a miles de cosas que ellas sí. Un ejemplo: la depilación. Quizás algunos hombres sí, pero en general he escuchado a muy pocos de mis amigos decir “Me voy a la playa pero antes tengo que ir a depilarme”.

 

Dicho lo anterior y sin mayor preámbulo quiero compartirles mi experiencia con la depilación. Por alguna extraña razón, desde hace varios meses traía la espinita de depilarme. No estaba pensando en quitarme el vello definitivo ni nada por el estilo, pero había algo en mí que quería ver mi cuerpecito caribeño libre de pelo. Ahora, antes de seguir con esta historia tengo que aclarar que nunca tuve interés en depilarme el pecho, abdomen, piernas o nada por el estilo. Si tachan las opciones que dije, se podrán imaginar cuál parte de mi cuerpo quería ver pelona #jijiji. No es que no me gustara cómo se me veía el área del bikini masculino (que raro suena eso) pero tenía curiosidad de sentirme, aunque fuera por un rato, como un actor porno.

 

Lo estuve pensando meses y meses. Me metía a páginas de diferentes lugares y leía los paquetes, veía los costos, escogía los que más se adaptaban a lo que quería y ya cuando iba a reservar cerraba todo. No entendía ni por qué quería hacerlo pero después de darle varias vueltas me di cuenta que era algo que necesitaba hacer. ¿La razón? Quería conectar con mi lado sensual y hacer algo que me hiciera sentir cómo un dios sexual (perdón por el exceso de confianza pero bueno, en Romina Media piensan diferente).

 

Pensé que el primer paso para aventarme a hacerlo era decírselo a mis amix. Así podían aconsejarme, decirme a dónde ir y básicamente empujarme a hacerlo en caso de que me echara para atrás. Decidí que el lugar donde me quitarían la virginidad de la depilación sería Wax Revolution. Entré a su página e inmediatamente me gustó porque tienen todo perfectamente bien explicado si eres hombre. El menú, los gráficos, las explicaciones, todo está fácil de usar. Mientras scrolleaba me topaba con términos como crack, boykini, boyzilian, etc. Lo fácil es que si no le entiendes, tienen unos bonitos dibujos que te explican lo que te harán. Después de revisarlos todos, decidí que quería toda mi sección media depilada. El paquete que mejor se acomodaba a eso era el Hollywood Boyzilian (no entiendo por qué incluye la palabra Hollywood. ¿Será muy famoso entre los A Listers?) sumándole los glúteos porque no lo incluye. Este paquete promete “depilación absoluta”. Incluye pubis, testículos, ingles y crack. No puedo creer que estoy escribiendo esto, pero bueno escogí fecha, horario, la sucursal, pagué y ya no había vuelta atrás.

 

El día de mi cita estaba muy nervioso. Me acuerdo que me salí de la oficina sin decir nada a nadie. Mis amix ya sabían que iba pero no quería anunciarle al mundo lo que haría. No les voy a mentir, estuve a punto de no entrar y me quedé parado afuera de Wax Revolution como 10 minutos. Entré con lentes de sol por la pena (que ahora se me hace la cosa más tonta del mundo) y dije que venía a mi cita. La señorita muy amablemente gritó “Perfecto Salvador. Vienes a Hollywood Boyzilian y crack”. Solamente sonreí apenado. Salió una señorita y me pasó a una cabina. “Te dejo para que te quites los pantalones y calzones. Regreso en un momento”. ME QUEDÉ HELADO. Este era el momento que más temía de todo el proceso. Al ser una persona extremadamente pudorosa y penosa, que alguien me viera encuerado me hacía sudar frío. ALV pensé. Me quité los pantalones, los briefs y me acosté boca abajo. Pensé que enseñar las pompas no me daba tanta pena como mi pilín (así le llamaremos durante todo el artículo). Entró la señorita y me dijo “Voltéate por favor, vamos a empezar por adelante”. De nuevo volví a pensar “Chingue su madre” y me di la vuelta. Jamás había tenido a alguien inspeccionando con tanto detalle mis partes íntimas. Me tocó por todos lados, levantó, bajó y revisó por donde empezar. “¿Es la primera vez que lo haces?¿Estás espantado?”, me preguntó y le dije que sí era la primera vez y más que espanto tenía pena. Desde ahí empezó a platicarme de mil cosas, a explicarme de otros hombres que van y como por arte de magia la pena desapareció.

 

Me explicó que primero me pondría cera, que se sentiría caliente y que luego jalaría a la cuenta de 3 para que respirara en ese momento. Empezamos por el pubis (odio la palabra pero no hay otra palabra para describirlo). Sentí caliento, y cuando contó hasta tres jaló y sentí que mi alma se iba al cielo y regresaba. ¡Me dolió un chingo! Sentía que se me habían movido los órganos internamente. Les juro fue súper dolorosa. Algo raro pasaba y en vez de llorar, me empezaba a cagar de risa con el dolor. Cosas bizarras que le pasan a uno. Me preguntó que cómo me había sentido y le dije que en realidad me había dolido muchísimo preocupado por que todas las partes dolieran igual. Me explicó que esa era la parte más dolorosa y que todo lo demás estaría más leve. Después de esa zona pasamos a……… el pene y los testículos (PERDÓN NO HAY OTRA FORMA DE LLAMARLOS). Cuando empezó a ponerme la cera me espanté porque real me enceró TODO. Viendo la fuerza con la que jalaba juré que iba a arrancarme mi pilín o que algo iba a salir mal. De verdad estaba angustiado de que mi amiguito preferido saliera volando. “¿Estás listo?”, contesté que si. 1….2…..3….traaaz. Para mi sorpresa fue mucho menos doloroso que el pubis y descubrí que el aparato reproductor masculino es mucho más flexible y resistente de lo que pensamos jajaja. Me daba muchísima pena voltear a ver hacia abajo así que todo el tiempo estuve viendo el techo y hablando con ella. De repente me toqué para sentir abajo y mi mano regresó con poquita sangre. Mi asesora se dio cuenta y me dijo que es completamente normal que sangre la primera vez. Acabamos con la parte de enfrente y me dijo “Ahora vamos con los glúteos y crack. Por favor voltéate, ponte de lado y pon las piernas en rombo”. Para ese momento ya no existía pena ni pudor en mi cuerpo, así que lo hice con mucho gusto. Lo que sí me dio pena fue cuando me dijo “Necesito que me ayudes abriéndote para depilar el crack”. En mi cabeza solo pensaba “Chava no mames las cosas que haces”. Pasamos a depilar toda la zona en la que nunca llega el sol (literal) y de nuevo no me dolió tanto. Los glúteos igual fueron menos doloroso de lo que pensaba. En menos de 40 minutos me dijo, “Listo, terminamos”. La recomendación fue que regrese una vez al mes, usar crema en toda la zona depilada, y exfoliarme cada tres días para evitar vellos enterrados.

 

Salí de mi cita con un aire orgulloso como si hubiera logrado algo que nunca creí que haría. Iba caminando por la calle riéndome solo porque no podía creer que no sólo me había depilado todo down there, sino que le había ganado a mi pudor y mi pena. Literalmente algo que nunca en la vida había podido hacer. Entré a la oficina y los que sabían me aplaudieron jajajaja.

Conforme pasó el día no podía dejar de tocar mis nalguitas porque estaban más suaves que nunca. No les mentiré, la parte de enfrente no me encantó como se veía. Jamás he sido fan de estar sin nada de pelo ahí y mi pilín parecía un gato esfinge (jajajajaj Google it). Aún con todo y la pena, el estrés y el dolor (que la neta ni es tanto como muchos dicen), decidí que si lo repetiré una vez al mes porque me hizo sentir sensual, empoderado y como el actor porno que quería parecer. ¿Saben qué es lo más padre? Que lo hice por mí y para mí. Al día de hoy nadie ha visto el resultado (jijjijij) más que los espejos de mi casa y la cámara de mi celular, pero creo que se nota que algo hice gracias a la seguridad, confianza y sensualidad con la que camino desde ese día.

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