De reversa mami: cómo construir una carrera profesional después de estudiar algo que no te gustó


 “La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no has encontrado todavía algo que ames, sigue buscando. No te conformes. Al igual que los asuntos del corazón, sabrás cuando lo encuentres


Steve Jobs.

Desde que somos niños, y con mayor fuerza durante la adolescencia, nuestra familia, los profesores y la sociedad en sí nos hacen creer que la elección que hagamos de la carrera universitaria será una decisión prioritaria que definirá nuestra vida futura.

En muchos casos si tu papá o mamá son abogados, profesores o médicos, te incitan a seguir el mismo camino, si tus papás no tienen una carrera tan apasionante que acapare la temática de alguna película o serie de moda te aconsejan elegir otra profesión con la que te garantizan que tendrás éxito y felicidad.

Con el paso de los años descubres que, en estos casos que menciono, esa decisión acertada o no, no es propiamente tu decisión en ningún sentido, sino que está tomada por otra persona que consideraste más capaz, madura y con más experiencia de vida para hacerlo y, en una etapa de pubertad en la que generalmente nuestras decisiones se limitan a qué ropa ponerte y a qué fiesta ir con tus amigas.

Lo que pocas veces se dice es que para tener éxito profesional el secreto está en hacer lo que te apasiona, ser perseverante en perseguir tus sueños y mantener disciplina y constancia cuando los alcanzas. Poner atención a las señales que la vida te va dando continuamente y no aferrarte a ninguna idea prefabricada de tu infancia también ayuda a descubrir tu destino profesional.

Yo crecí creyendo con total certeza que quería ser abogada. Curiosamente nunca tuve un familiar o persona cercana que se dedicara a esta profesión pero recuerdo en mi infancia a una de mis tías destacar en cada reunión familiar que yo tenía que ser abogada por mi tendencia a debatir y argumentar todo.

Me creí esa idea desde que la escuché por primera vez, la asumí como decisión propia y pensé que sería genial trabajar algún día en un reconocido despacho de abogados, creciendo profesionalmente y ocupada con muchos casos que resolver al estilo Hollywood (en esa época no existía la serie Suits pero así era como imaginaba mi rutina diaria laboral y, para qué negarlo, con esa misma ropa y taconazos de las protagonistas y con un Harvey Specter de jefe).

Estudié derecho en el ITAM y disfruté muchísimo la carrera, tanto así que obtuve mención especial por mi promedio final (siempre he sido muy matada) pero cuando empecé a trabajar me di cuenta que aunque el día a día en un despacho corporativo me gustaba, no me apasionaba lo que hacía ni lo que veía que podría llegar a hacer conforme creciera y adquiriera experiencia en ese o cualquier otro despacho.

Recuerdo un día en el que me sentí bastante perdida al darme cuenta que había estudiado derecho y dudaba si quería dedicar mi vida entera a esa profesión. En ese entonces creía que los abogados solamente podían ser abogados y, que mi destino estaba atado a un trabajo que no me inspiraba a despertarme cada día con ilusión y motivación.

Fue en esa etapa en la que me cuestionaba qué hacer con mi vida profesional, y cómo hacer que una de las decisiones más importantes de mi vida tuviera un beneficio y eco en mi futuro, que conocí a la Directora General de una reconocida agencia de comunicación, donde trabajaría durante 2 años, y me quedó grabada una frase que ella me dijo cuando me entrevistó y que desde entonces aplico siempre en el terreno profesional: “El talento natural para desempeñar un trabajo se tiene o no se tiene, el conocimiento se aprende, pero si no tienes ese talento natural que requiere tu profesión por mucho que estudies y te prepares difícilmente destacarás entre los mejores”.

Si a esto le sumas que tengo la convicción personal que es precisamente en aquello que tenemos una habilidad natural donde radica también nuestra pasión, lo demás vendría rodado.

Mi caso es una clara suma de pruebas que marcaban lo que era mi destino. Cuando era una niña jugaba con una Barbie que en mi imaginación era editora de una revista de moda. En la adolescencia mi hobby era escribir y coleccionar revistas de moda y celebridades.

Hoy les reclamo a mis papás, en tono de broma por supuesto, que si veían que dedicaba mi tiempo libre a esto ¿cómo no pensaron en preguntarme si realmente ser abogada era lo que quería hacer el resto de mi vida? Las pruebas de lo que me gustaba eran demasiado claras.

Aprendí a los 24 años, cuando decidí cambiar de giro profesional con el total apoyo de mi familia, y empezar desde cero en aquella agencia de comunicación, que nunca es tarde para hacer lo que realmente te apasiona en la vida. Después de mi paso por la agencia estudié una Maestría en Comunicación en Madrid para reforzar los conocimientos de lo que ya estaba convencida sería el centro de mi vida profesional. Comprendí también a esa edad que en la vida siempre estamos en el proceso de aprender algo nuevo, y que si un nuevo trabajo requiere un reto de aprendizaje basta con dedicar horas de estudio y entusiasmo para adquirir los conocimientos que los demás obtuvieron durante la carrera y, principalmente que el trabajo siempre debe ser una diversión, algo que te motive a levantarte todos los días con una sonrisa, y que no es, ni debería ser jamás, un castigo como mucha gente lo visualiza.

Mi sueño siempre fueron las revistas y la industria de la moda, y la vida me permitió ser Directora de Glamour en México y Latinoamérica, la revista que desde que vivía en España compraba cada mes y de la cual era fan no. 1.
Posteriormente fui Publisher en Editorial Televisa de muchas revistas que también compraba con frecuencia (Harper’s Bazaar, Esquire, Marie Claire, Vanidades, Cosmopolitan, Women’s Health…).

Hoy tengo una agencia de Comunicación, Relaciones Públicas y Producción de Eventos (@proyectalab) y es otro de mis grandes sueños cumplidos.

En la vida no existen los límites (aunque nos hayan hecho creer que sí con frases como “no te irá bien si eliges esa carrera” o la típica de “ya estudiaste derecho, no puedes dedicarte a otra cosa” esta última frase marcó el destino de algunos de mis compañeros de carrera que hoy se arrepienten de no haber hecho el cambio de profesión cuando aún eran jóvenes, por todo esto y mucho más el consejo que siempre doy a mis sobrinas y a la gente joven es siempre el mismo: si la vida está llena de infinitas posibilidades no seas tú el que se limite a sí mismo y las reduzca.

Si tus papás son abogados, profesores o médicos, su decisión no te obliga a seguir sus pasos. Sigue solamente tu pasión, no la de alguien más, y haz caso a tu intuición y talento natural.  Persigue tus sueños hasta que sean una realidad. Aquellos sueños que te hacen sonreír y emocionarte cuando los imaginas. Porque el que tendrá que levantarse diario muy temprano para ir a ese trabajo que adoras u odias eres tú, nadie más que tú.

Así que piénsalo bien, la vida es muy corta para no hacer lo que más quieres y, aunque haya quien crea en la reencarnación, yo te invito a que en esta vida elijas la carrera y profesión de tus sueños, que cambies de giro cuantas veces sean necesarias si no eres feliz en tu trabajo porque solamente tienes dos opciones, ser o no feliz y cuando depende de ti serlo o no sería una tontería elegir lo segundo ¿no crees?

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