Cuando tuve que aceptar que me había enamorado de un patán

Me pasó algo leyendo “Cómo identificar a un patán” de Tere Díaz Sendra: empecé a sentir angustia. Se agitó mi respiración. ¿Apoco mi cuerpo estaba reaccionando a la relación que tuve con Mark? Pero si eso fue hace años… ¿Lo tenía bloqueado? No me duele, ni estoy traumada, pero el cuerpo tiene huellas y se acuerda de cuando sufriste un shock. Y sí, pareciera que Tere describió mi relación con Mark de principio a fin. 

Nunca había compartido en ninguno de mis posts la relación que tuve con él. Como ya lo mencioné fue hace chingos de tiempo. Yo tenía 21 años, vivía en Nueva York y estaba pasando por un momento difícil en mi vida. Antes de salir con Mark, yo estaba “enamorada” (no era amor, era capricho) de un güey llamado Daniel, que me gustaba un montón y yo a él, el problema es que Daniel tenía novia. Yo sabía y estaba de acuerdo con ser la otra, al fin y al cabo, yo vivía en Nueva York y él en México así que me daba igual, iba a ser solo una aventurilla de verano. Pero como ya lo mencioné, me obsesioné a tal grado que me empeñé en que Daniel cortara a su novia y se quedara conmigo. Daniel no iba a cortar a su novia por mi, no porque yo no le latiera sino porque vivía en Nueva York, pero para mi EL AMOR ROMPÍA BARRERAS. 

El punto es que Daniel al no darme mi lugar y mentirme, afectó mi autoestima. Eso aunado a que yo me sentía la mujer más fea sobre el planeta tierra, la más gorda y celulítica. Apenas estaba superando a Daniel y sus humillaciones cuando conocí a Mark en una fiesta. Me llamó la atención su altura y lo guapo que era. Me acerqué a preguntarle cuánto medía. “Mido 2.03, ¿tú?” me respondió. Me reí y le dije que no tenía idea de cuánto medía en inches. “¿Cómo te llamas? Eres la mexicana, ¿verdad? Ya te había visto en la escuela.” Mark iba en mi misma generación en The Neighborhood Playhouse, mi escuela de actuación. Platicamos, nos reímos, bailamos (aunque nos veíamos TURBO ridículos con mi 1.59 cm y su tamaño de la altura de una puerta). Me pidió mi cel y quedamos de ir a tomar un café el lunes saliendo de la escuela. 

Yo estaba feliz de salir con él. Era guapo y divertido. Era un poco antisocial y no tenía muchos amigos aparte de sus roommates. Me contaba que le gustaba quedarse en su casa a jugar video juegos y a ver películas. A mi me parecía un excelente plan ya que era invierno y hacía frío. Nos dimos nuestro primer beso saliendo del cine y fue espectacular. 

En una de nuestras dates fuimos al bar a lado de la escuela. Mark no tomaba pero fuimos por algo de comer y yo me eché una cerveza. Estaba sentada y delante de mi había una televisión. Tal vez sea porque nunca veo la tele pero si tengo una enfrente me embobo y no pongo atención, aunque sea un partido de televisión de futbol americano que me vale madres. Mark me preguntó varias veces que a quién veía. Yo le respondí que a nadie hasta que explotó. Agarró su mochila salió del bar enojado y en la calle me empezó a gritar que cómo era posible que no le pusiera atención, que si tenía un problema se lo dijera pero que dejara de ignorarlo. Me gritó tan fuerte que todos a mi alrededor voltearon a verme, pero él con su altura y su voz grave ahuyentaron a los demás. Yo comencé a llorar, me empezó a dar miedo. Fue extremadamente violento. Le dije que ya me quería ir y en ese momento le hablé a Sasa (mi roommate) para contarle lo que había pasado. “¿Quieres que vaya por ti? ¿Dónde estás?” Le dije que ya estaba en el taxi y que la veía en breve. Llegué a mi casa y ahí estaba Mark sentado en las escaleras, llorando. “Perdóname soy un pendejo. Perdóname. La cagué”. Y lo perdoné. Tan lo perdoné que se quedó a dormir en mi casa. 

Aquí les va un factor importante en mi relación con Mark: el sexo era espectacular. Fue el primer hombre con el que tuve un orgasmo. Él me enseñó que el sexo era divertido, y nuestra química era ridícula. 

Pero todo lo demás era horrible. Si hacía planes con mis amigas para salir el fin se encargaba de armarla de pedo un día antes o no me contestaba el teléfono por horas. Me ignoraba. ¿Qué estaba haciendo mal? Así que prefería no ver a mis amigas hasta no saber qué íbamos a hacer Mark y yo (aunque nunca salíamos de su casa o de la mía). Se cuidaba cabrón con la comida porque hacía ejercicio todos los días (estaba obsesionado con su abdomen) (yo también, la neta) y una vez que le cociné un pollo y usé aceite de oliva lo tiró a la basura y me dijo: “Yo no como pollo con aceite de oliva, usa PAM para la próxima.” Pero eso sí, me acompañaba al Diner a cenar y me incitaba a pedir hamburguesas o malteadas. “Sabes que te gusta esa comida, disfruta.” Y yo, que de por sí ya me sentía una vaca, comía y me sentía peor. Me hablaba de su ex novia, una cubana que vivía en Miami, que todavía le escribía. “Tengo una fijación por las latinas, debes saberlo.” 

Fueron seis meses de subidas y bajadas. Sentía un ardor en el pecho que parecía que me iba a explotar el corazón. Me daba coraje pero no sabía como salirme de esa relación y me sentía la más pendeja del mundo porque yo sabía que Mark era un cabrón. Yo sabía que me chantajeaba. Pero en mi cabeza solo resonaba “no aguantas nada, las relaciones son de trabajarle, no eres perfecta ni él tampoco.”  No podía dejarlo porque era como una adicción. Me trataba mal, me hacía mierda pero después lo solucionábamos con el mejor sexo del mundo, tenía orgasmos múltiples y se me olvidaba. Y nos “amábamos” otra vez. Era la pinche montaña rusa todos los días. 

Llegó verano y me invitó a conocer a su familia a Kentucky. A una semana de ir con su familia, era un sábado en la mañana cuando salió de bañarse y me dijo: “¿Por qué te sigues escribiendo con Daniel? Pensé que ya se había terminado eso.” Me quedé callada. “Sé perfectamente bien que ahora que vayas a México vas a verlo. Leí los mails que se mandaron.” Mark se metió a mi computadora y a mi mail, le mandó esos correos a su amigo cubano para que se los tradujera y entonces se sintió con el derecho de mentarme la madre. “Sí me escribí con Daniel porque me cae bien y somos amigos.” Se puso como loco, a gritarme otra vez, a insultarme, a decirme que cómo era posible que fuera una infiel. Me quedé pasmada. Me dio tanto miedo que me fuera a pegar que solo quise correr a mi cuarto por mi celular para marcar 911. Le pedí que se saliera de mi departamento y que no volviera jamás. 

Me solté a llorar en ese instante. Estaba en shock. Se acabó, hasta aquí llegué con él. No más. Cortamos y lo borré de mi celular. 

Me fui a México esas vacaciones de verano a pasar unos meses con mi familia pero seguía con miedo. Sé que tal vez piensen que estoy exagerando pero yo vivía paranoica. Pensaba que tal vez Mark se iba a aparecer en casa de mi papá, que me iba a querer ahorcar o a pegar. Fuimos a  Japón ese verano y me entraron ataques de pánico. La pasé fatal. Más cuando me enteré que a Mark también lo habían aceptado para el segundo año del programa en The Neighborhood Playhouse, y a huevo tenía que verlo porque íbamos a estar en el mismo salón. 

Mi amiga Chloe que se había quedado en Nueva York ese verano había visto a Mark. Me contó que se había puesto todavía más bueno y que estaba arrepentidísimo de todo lo que había hecho. Mark estaba trabajando en Abercrombie & Fitch (era el güey sin camisa de la entrada de la tienda) y estaba poniendo su vida en órden. “Va a querer regresar”, me dijo Chloe. Jamás voy a regresar con él, le respondí. 

Regresé con él al mes de empezar clases en septiembre del 2007 y anduvimos hasta mayo del 2008. Lo curioso fue que en efecto cambió algunas de sus actitudes. Sí le bajó a sus arranques y a su genio. Mejoró pero nunca fue una relación chingona. No lo recuerdo con ningún cariño. Este post me está ayudando a sentirme mejor porque mi relación con Mark jamás la comenté con mis amigas. ¿Por qué? Porque ya sabía la respuesta. Ya sabía qué me iban a decir si les contaba. Yo sabía que estaba en una relación de abuso pero me quería hacer pendeja con tal de no estar sola. Aguanté con tal de demostrarle a los demás que “sí podía”, y estaba tan dolida y ardida con lo de Daniel que también fue para darle la madre a él (aunque creo que le valió madres). ¿Ven? Todas las razones incorrectas. 

Así que lean “Como identificar a un patán” de Tere Díaz Sendra. Léanlo aunque no anden con uno. Infórmense de lo que es una relación de abuso y violencia porque hemos normalizado TANTAS cosas por TANTO tiempo que hasta la palabra patán ni nos brinca. “Ay equis, así son todos, unos coquetos.” “No me deja salir con escotes porque la cosa en México está bien fea no vaya a ser que un güey se quiera pasar de lanza.” “Me cuida y por eso quiere que Google le avise en donde estoy a cada momento.”

El machismo es algo que tenemos que empezar a cambiar si queremos avanzar en temas de género. Tenemos que trabajar más en nosotras, en nuestra autoestima, en ser independientes, etc., para no tener que depender de un vato que nos violenta. Una relación amorosa NO DUELE, NO MANIPULA, NO CHANTAJEA, NO ES SUFRIMIENTO. Lo he dicho miles de veces antes, y sé que las telenovelas y Disney nos hicieron creer lo contrario, que entre más imposible sea, más va a valer la pena, ¡y no es cierto! Y lo más triste es que una relación abusiva destruye vidas, te deja perdida, sin identidad, sin amigos, te aísla, te separa de todo. El verdadero amor no pone condiciones, no controla. Al contrario, deja ser y aplaude la libertad del otro.  

Romina Sacre
Romina Sacre

Emprendedora, escritora, abrazaperros y fan de la comida. Me gusta viajar y contar historias. No me tomo muy en serio.

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