Agradece el rechazo

¡Holix! Mi amiga Romina Sacre me encomendó a escribir esto y, la neta, al principio me apaniqué. Y es que “una” (odio usar el “uno/una/unx/une”) no escribe, no se siente con la capacidad ni con la autoridad para hacerlo. Pero lo que sí es cierto, a “una” sí le gusta hablar (mucho) y contar cosas y debatir y leer, así que aquí les va, sin pretender, ni jactarse de, simplemente hablando desde mí. Porque si algo he intentado aprender a hacer este último año, es a enfrentarme y a perder el miedo porque, si no, “una” solita se boicotea y no está chingón, ¿no? Es mejor caer y levantarse, que quedarse con un “¿qué hubiera pasado si…?”. ¡Ay ya!  Parece plática de superación personal.  Sin ponernos sentimentales, sí creo que, in this day and age, hay que intentarlo, aventarse, y ponerle todos los huevos a los sueños porque el proceso vivido para cumplirlos es lo que, a veces sin darnos cuenta, nos hace más chidos y nos hace crecer más a la larga.

Empecé a muy temprana edad en “esto de la actuada” (como diría una tía) y tuve la enorme suerte de tener papás muy chidos, aterrizados y muy inteligentes. Mi papá, siendo también actor, no quería que me dedicara a esto, con justa razón, porque decía que no hay carrera que de tanta satisfacción pero que, a la vez, conlleve tanto sacrificio. Que significa inestabilidad constante para el resto de la vida. Y sí, sí está perro, pero, al final, mis satisfacciones en esta carrera han sido infinitamente más grandes que cualquier sacrificio (y sé que vendrán un sinfín más). Por eso, mi Santo Padre sigue también ahí clavado, que no se haga. El chiste es que tuve mucha suerte porque desde los 9 años supe qué quería hacer. Y digo que mis papás son unos chidos porque, sobre todo, me inculcaron un sentido de responsabilidad y amor por el trabajo que he agradecido siempre. Que, si bien disfruto estar sobre un escenario más que nada en el mundo, éste merece todo el respeto, estudio y disciplina.

Ahora bien “la industria” tiene sus cosas buenas y malas (como todos los rubros) pero siendo actor/actriz, hay muchos más factores que se toman en cuenta a la hora de “quedarse con la chamba”. Creo que esta carrera es un poco más subjetiva (tomando en cuenta que dentro de la subjetividad hay objetividad, claro) porque a veces el conseguir el trabajo conlleva más que créditos, estudio o talento. Este factor obliga a que uno vaya construyendo una especie de “muro protector” contra el rechazo. Y es que, en los castings, son más las veces en las que se recibe un “no” que las veces en las que se recibe un “sí”. Y créanme, nadie nace preparado para más rechazo que aprobación. Así que uno va aprendiendo y curtiéndose y, principalmente, cuidándose de su propia cabeza, que es la principal boicoteadora por naturaleza.

PD. Hice un verso sin esfuerzo.

En lo personal, tras muchos años, he aprendido a aceptarme y a quererme. No es que sea una experta, ni que me jacte de saber más, ni nada por el estilo (me falta un chingo), pero sí me ha caído más el veinte de que, si no tengo una imagen propia positiva, ¿qué imagen proyecto al entrar, por ejemplo, a un casting? ¡Eso se vibra, señores! No sólo en un casting, en la vida en general. Tenemos que aprender a ser más tolerantes con nosotros mismos. Porque sí he recibido comentarios como: “Oye, y ¿por qué no te operas las chichis?” u “Oye, enflacaste, ¿verdad? Qué bueno. Así quédate porque tengo muchos proyectos en los que quedas perfecto ahora.” O cosas como ver que eligieron para algún proyecto a alguien más alto, más flaco, más gordo, más joven, mas viejo, más “talentoso”, más lo que sea que, a mis ojos, no poseo yo. Y afecta y te hace sentir menos y como que no sirves, pero sólo si dejas que suceda.

Ahí es donde hay que poner más atención, seas actriz, o ama de casa, o doctor, o arquitecta, o modelo, o madre, o a lo que nos dediquemos… Estamos siendo bombardeados con tanta información todo el tiempo: fotos, videos, noticias, “modelos a seguir”, etc., que nos estamos olvidando de vernos a nosotros mismos. Estamos viviendo para cumplir expectativas, para demostrar que sí somos “exitosos”, que sí somos “felices”, que tenemos la “mejor relación”, la “mejor familia”… qué cansancio ¿no? Empleamos nuestro tiempo libre en ver la vida de los demás (IG, ¿les suena?) y en emular lo que para cada quién significa “ser feliz”.

Hoy, agradezco todos los “rechazos” que me traen hasta donde estoy parada porque me he dado cuenta que no hay que buscar la fama, el dinero, el reconocimiento, la imagen equis que demuestre que “la estás rompiendo”. Si tu chamba te hace feliz, si amas lo que haces con el corazón y, después de eso la fama, el dinero y etc. vienen por añadidura, qué chingón. Que esas cosas superfluas no sean la meta, NUNCA. Creo que, lo que rescato de mi proceso, es que sí hay cosas más importantes (aunque suene a cliché), sí hay gente junto a ti, gente de la que ni siquiera lo esperabas, que va a estar en buenas y malas, que TODO pasa, que de todo se aprende, que siempre hay que mandar buena vibra porque sí viene de regreso, que hay que sembrar cosas chidas, que no hay que preocuparse por si alguien está “más arriba” o “más abajo”. Hay que concentrarse en uno mismo y en lo que nos hace felices porque la vida es muy corta para estar en donde no se está feliz.

En fin, me puse muy motivadora y cursi y no sé si tenga que ver con lo que en un inicio quería escribir pero creo que necesitamos oír esto más seguido: El mundo, en general, necesita más amor, más tolerancia, más respeto y más empatía. Y necesitamos entender que no debe afectarnos cómo se ve o qué hace el/la de junto, al revés, hay que echarnos porras, amiwis, aplaudamos el hecho de que alguien más haga algo chingón y utilicemos eso como inspiración para seguir soñando y aventándonos al vacío, sabiendo que de los madrazos vamos a salir mucho más chides.

Amor y paz, chiavos. Gracias por leer. 

Regina Blandón. 

 

 

 

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